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Alemania y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)

Flugzeug über Stacheldrahtzaum

Flugzeug über Stacheldrahtzaum, © Geisler-Fotopress

18.07.2018 - Artículo

Más allá de las tensiones que en los últimos dos años han surgido entre miembros de la OTAN, esta institución de cooperación en seguridad es un pilar de la historia de la República Federal Alemana, de sus esfuerzos y compromiso por desarrollar seguridad para sí y sus socios.


 Origen de la OTAN

La Organización del Tratado del Atlántico Norte es una organización del derecho internacional fundada en 1949 cuyos miembros garantizan su mutua soberanía e independencia a partir de un concepto de seguridad colectiva. Como muchas de las organizaciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial, su misión y organización refleja incluso hasta nuestros días el mundo de mediados del siglo XX.

En el contexto de la incipiente Guerra Fría, la OTAN fue la reacción de los aliados occidentales europeos (Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Islandia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido) más Canadá y Estados Unidos, a la reconfiguración del mundo en dos polos político-militares. El otro polo era Europa Oriental y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que en 1955 formalizó su propio acuerdo de seguridad mutua, el Pacto de Varsovia.

La lógica de ambos acuerdos era asegurar la soberanía de sus miembros a partir de la promesa de actuación colectiva en caso de agresión externa. Además de la amenaza disuasiva, se convirtió en una estructura de cooperación militar que condujo a una larga carrera armamentística. Con el paso de tiempo, más países europeos y de su vecindad se fueron uniendo a la OTAN (por ejemplo, en 1952, Grecia y Turquía; España en 1982).

La OTAN tiene su sede en Bruselas, Bélgica, pero está presente militarmente en todos los países miembros.


Alemania en la OTAN

La historia de la OTAN refleja la historia de Alemania: su creación fue resultado del mundo que surgió tras la derrota de la Alemania Nazi en 1945, que culminó en la partición en cuatro zonas de ocupación (por un lado, las zonas británica, francesa y estadounidense; por el otro, la soviética), y en 1949 la fundación de dos países: la República Federal Alemana (Alemania Occidental) y la República Democrática Alemana (Alemania Orienta). El año 1949 es una coincidencia para para muchos acontecimientos de la Guerra Fría, pero no una casualidad: el primer espacio del conflicto fue el territorio alemán.

Como en otras organizaciones internacionales, las dos Alemanias no se integraron a ellas sino a partir de los años 50. La República Federal se adhirió a la OTAN en 1955, también año de la fundación de la Bundeswehr, o el Ejército Federal, la pieza alemana de la cooperación militar en la Organización.

Gracias a la protección que la OTAN brindó a la República Federal, un país que todavía no contaba con una soberanía cabal a diferencia de los otros países de la Organización, Alemania pudo desarrollarse y continuar la construcción del país bajo condiciones de seguridad. Por esa razón de supervivencia, los líderes alemanes siempre han reconocido que la llamada “Alianza Atlántica” es parte fundamental de historia, y por ello están agradecidos a sus socios miembros.

La OTAN y la integración económica europea que hoy se llama Unión Europea, cuyos antecedentes datan de 1950, son los dos ejes que permitieron la incorporación de Alemania al mundo de la segunda postguerra.

La reunificación alemana y los cambios que esta trajo al mundo –y a la OTAN

Muchas cosas han sucedió en la historia de la OTAN desde los años cincuenta. La caída del Muro de Berlín en 1989 inauguró un proceso de distención mundial. La reunificación alemana de 1990 permitió a la República Federal convertirse en un país efectivamente soberano. La desaparición del bloque socialista y el Pacto de Varsovia, en 1992 la disolución de la Unión Soviética, generó optimismo en otras regiones por la disolución de un enfrentamiento bipolar y la sensación de que las amenazas a la seguridad se reducían.

Eso permitió que países otrora en la órbita socialista se unieran a la OTAN (en 1999 Polonia, República Checa y Hungría; en 2004 Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania; otros balcánicos en 2009, Albania y Croacia; y Montenegro en 2017).

Rusia emprendió un proceso interno de reformas, y de acercamiento político con Occidente, lo que afianzó la percepción de equilibrio y seguridad. La OTAN también cursó trasformaciones, pero no desapareció. A finales de los 90 cambió el enfoque de sus operaciones hacia la seguridad preventiva y operó fuera del territorio de sus miembros con incursiones en la guerra de los Balcanes. El ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001 en territorio estadounidense reactivó el principio de defensa colectiva, pero esta vez contra una amenaza no regular: una organización criminal en un tercer país, no un actor estatal.

Este tipo de amenazas, muy distintas a aquellas que condujeron a fundar la OTAN en 1949, también requieren respuestas colectivas. Por eso los miembros de la Organización la han preservado y reformado. Sus principios de colaboración en la protección de los socios siguen vigentes, pero han tenido que cambiar la forma y el monto de las contribuciones de sus integrantes.

La estrategia de seguridad y defensa alemana:
el Libro Blanco 2016 del Ministerio de Defensa

En la segunda década del siglo XXI hay dos actores marcan a la OTAN. El primero es Rusia, quien desde 2010 consideró que la Organización todavía exista es un riesgo para su seguridad. La tensión aumentó en la primavera boreal de 2014, cuando efectivos rusos y otros apoyados por Rusia ocupó parte de la península de Crimea, territorio de Ucrania. Aunque este último país no es miembro de la Organización, se considera que una potencial amenaza a miembros y al derecho internacional, basado en el respeto de la soberanía de los países. Como repuesta, la Unión Europea y otros países occidentales impusieron sanciones políticas, económicas y militares a Rusia. Alemania, como miembro de la Unión, también lo hizo. Pero además –por su historia del siglo XX– Alemania decidió continuar dialogando con Moscú para encontrar soluciones pacíficas y en el marco del derecho internacional. Desde Berlín se reconoce con que ignorar el problema, o negarse a su discusión y negociación con los actores involucrados, no es una solución. El hecho que la relación de la OTAN y Rusia, de alguna forma el heredero de la URSS –la Federación Rusa recibió el Asiento Permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas–, se haya enrarecido, así como el surgimiento de amenazas no tradicionales a la seguridad que también reconoce la OTAN, son elementos que la Alemania toma en cuenta en sus políticas.

En 2016 el Ministerio Federal de Defensa, del que depende la Bundeswehr, publicó su Libro Blanco, resultado de meses de reflexión entre la comunidad de seguridad alemana, europea, transatlántica, así como políticos, académicos y expertos. En él Alemania refleja el crecimiento de su responsabilidad para proveer seguridad para sí y en facilitarla a sus aliados y en el resto del mundo, bajo mandatos multilaterales. Alemania quiere una OTAN fuerte, basada en la confianza y la lealtad de sus aliados, pues en el país se sabe que su seguridad y la de la Unión Europea dependen de la Alianza Atlántica. Para eso, el Libro habla de reforzar el “pilar europeo” de la OTAN, y en ese espacio Alemania puede hacer una importante contribución, que pasa por dotar a sus propias fuerzas de recursos financieros, materiales y humanos que enriquezcan la capacidad europea.

El objetivo de fortalecer al Ejército Federal no ha estado libre de críticas dentro de Alemania. Políticos, partidos, organizaciones de la sociedad civil, y parte de la opinión pública se han manifestado escépticos o contrarios a la idea de aumentar el presupuesto destinado a defensa, pues todavía pesa mucho en la conciencia de los alemanes la primera mitad del siglo XX. Y mientras dentro de Alemania muchas voces dicen que no, fuera de Alemania, el principal socio de la OTAN reclama que sí.

Alemania y la OTAN actualmente

Desde enero de 2017, el segundo actor que marca el tono de la OTAN en años recientes es Estados Unidos de América. La Administración Trump ha reclamado en diversos foros (principalmente en las reuniones de la OTAN, pero también las citas anuales de la comunidad global de seguridad, la Conferencia de Seguridad de Múnich) que los países deben hacer más responsables de financiar su seguridad, aumentando sus contribuciones presupuestales que se reflejarán en los activos que pueden ofrecer a la Alianza.

Como en muchos otros casos de la política, una cifra se vuelve el objetivo: que cada país destine el equivalente al 2% de su PIB a defensa. Más recientemente, en la Cumbre de líderes de países miembros de la OTAN, del 11 y 12 de julio de Bruselas, el presidente estadounidense duplicó la cifra, llevando su demanda de gasto de defensa al 4% del PIB. Más allá de las expresiones muy poco diplomáticas del presidente Trump, lo cierto es que en un proyecto de seguridad colectiva todos los países deben contribuir, como en realidad ya lo hacen.

Alemania ha aumentado su presupuesto de defensa en la última década, y ahora alcanza el 1.2% de su PIB. Personal de la Bundeswehr sigue presente en las misiones de la OTAN en los Balcanes, en el mar Egeo para atender la crisis de emigrantes, en Afganistán, en ejercicios disuasivos en la frontera lituana. Además, la seguridad frente amenazas no tradicionales no se garantiza únicamente por el presupuesto para combate, sino también en las medidas para prevenir conflictos que, más temprano que tarde, y por más distantes que estén geográficamente, ocasionan crisis que desenvuelven en amenazas. Por esa razón Alemania tiene una política de prevención de crisis internacionales y ayuda al desarrollo muy activa, a la que destinan recursos presupuestales que también contribuyen a la paz.

Como respuesta del Gobierno Federal alemán a los comentarios desde el socio estadounidense, el Ministro Federal de Relaciones Exteriores Heiko Mass señaló que Alemania es un garante del mundo libre y se mantiene comprometida con asumir responsabilidad dentro de la OTAN. A pesar de las expresiones desafortunadas del líder estadounidense, la OTAN ha sido y seguirá siendo muy valiosa para Alemania. Por lo que ha recibido de ella y por lo que aporta a ella.

NATO_Bundesregierung
NATO_Bundesregierung© (c)Bundesregierung

[Enlaces]

Centro Alemán de Información: Más que una cuestión de dinero: lo que hace Alemania por una OTAN fuerte (en español) https://alemaniaparati.diplo.de/mxdz-es/-/2117862

Ministerio Federal de Defensa: Libro Blanco 2016 (en alemán) https://www.bmvg.de/de/themen/weissbuch

 

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