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Presidente Federal, Frank-Walter Steinmeier, con ocasión del 75. aniversario de la liberación del nacionalsocialismo y del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa en el Monumento Central de la República Federal de Alemania en memoria de las Víctimas de la Guerra y la Tiranía (Nueva Guardia), el 8 de mayo de 2020 en Berlín

Frank-Walter Steinmeier, Presidente Federal de la República Federal de Alemania

Frank-Walter Steinmeier, Presidente Federal de la República Federal de Alemania, © Bundesregierung / Steffen Kugler

08.05.2020 - Artículo

- Bajo reserva de cambios. Cotéjese con la versión oral. -


Hoy hace 75 años finalizó la Segunda Guerra Mundial en Europa.

El 8 de mayo de 1945 marcó el fin de la tiranía nacionalsocialista; el fin de las noches de bombardeos y las marchas de la muerte; el fin de los crímenes sin precedentes perpetrados por los alemanes y del cataclismo de la civilización que significó la Shoá. Aquí en Berlín, donde había sido concebida y se había desatado la guerra de exterminio y hacia donde volvió con toda su fuerza destructora; aquí, en Berlín, queríamos hacer memoria juntos en el día de hoy.

Queríamos hacer memoria, junto con los representantes de los Aliados del este y del oeste que, a costa de inmensos sacrificios, liberaron a este continente. Junto con nuestros socios de todas partes de Europa que sufrieron la ocupación alemana y que, no obstante, estaban dispuestos a la reconciliación. Junto con los sobrevivientes de los crímenes cometidos por alemanes y con los descendientes de las víctimas, entre los cuales tantos nos tendieron la mano. Junto con todos aquellos en el mundo que le dieron a este país la oportunidad de comenzar de nuevo.

Queríamos hacer memoria también con las personas mayores de nuestro país que vivieron esos tiempos en carne propia. De niños sufrieron hambre, violencia, la huida y la expulsión. Ellos construyeron este país tras la guerra, tanto en el este como en el oeste.

Asimismo, queríamos hacer memoria con los jóvenes que hoy en día, tres generaciones después, preguntan qué significado puede tener el pasado para ellos y a los que yo les digo: ‘Vosotros tenéis un papel fundamental. Sois vosotros quienes deben sacar las lecciones de esta terrible guerra de cara al futuro’. Precisamente por esta razón habíamos invitado a Berlín a miles de jóvenes de todo el mundo; a gente joven cuyos antepasados eran enemigos y que hoy son amigos.

De esta forma queríamos hacer memoria juntos en este 8 de mayo. La pandemia provocada por el coronavirus, empero, nos obliga a hacer memoria en solitario, separados de quienes son importantes para nosotros y con quienes estamos agradecidos.

Quizá esta soledad nos traslade a aquel 8 de mayo de 1945, pues en ese entonces los alemanes de hecho estaban solos. Alemania había sido vencida militarmente; estaba política y económicamente devastada y moralmente destruida. Nos habíamos enemistado con el mundo entero.

El día de hoy, 75 años más tarde, tenemos que hacer memoria en solitario. No obstante, ¡no estamos solos! Esta es la feliz noticia del día de hoy. Vivimos en una democracia fuerte y sólida; nos encontramos en el trigésimo año de la Alemania reunificada, en el corazón de una Europa pacífica y unida. Se confía en nosotros y estamos cosechando los frutos de la cooperación y de las asociaciones alrededor del mundo. Sí, los alemanes hoy podemos afirmar que el día de la liberación es un día para estar agradecidos.

Pasaron tres generaciones hasta que hayamos podido cobrar plena conciencia de ello. Sí, el 8 de mayo de 1945 fue un día de liberación. Sin embargo, no lo fue por aún mucho tiempo en las mentes y en los corazones de la gran mayoría de los alemanes.

La liberación de 1945 llegó desde afuera. Tenía que llegar desde afuera, pues este país estaba profundamente implicado en su propia desgracia, en su culpa. Asimismo, la recuperación económica y el nuevo comienzo democrático en la parte occidental de Alemania solamente fueron posibles gracias a la generosidad, la clarividencia y la disposición a reconciliarse por parte de los enemigos de antaño.

No obstante, también nosotros contribuimos a la liberación. Fue la liberación interior. No sucedió el 8 de mayo de 1945, en un solo día. Antes bien, fue un camino largo, un camino doloroso. La recuperación de la memoria histórica y el esclarecimiento de la complicidad y la colaboración; preguntas atormentadoras en el seno de las familias y entre las generaciones; la lucha contra el silencio y el olvido.

Fueron décadas a lo largo de las cuales muchos alemanes de mi generación solo poco a poco pudieron hacer las paces con este país. Fueron décadas en las cuales nuestros vecinos pudieron recobrar la confianza en nosotros; que hicieron posible un acercamiento cauteloso, desde el proceso de integración europeo hasta los tratados con el Este. Asimismo, fueron décadas en las cuales ya no fue posible encerrar entre muros el coraje y el amor a la libertad en el este de nuestro continente; hasta aquel tan afortunado momento de la liberación: la Revolución Pacífica y la reunificación. Fueron estas décadas de lucha con nuestra historia las que permitieron que madurara la democracia en Alemania.

Esta lucha sigue hasta el día de hoy: hacer memoria no tiene fin. No podemos desprendernos de nuestra historia, pues sin memoria perderemos nuestro futuro.

La única razón por la cual los pueblos del mundo han vuelto a depositar confianza en nuestro país es porque los alemanes encaramos nuestro pasado; porque asumimos nuestra responsabilidad histórica. Por eso también nosotros mismos podemos confiar en esta Alemania. En ello estriba un patriotismo ilustrado y democrático. No existe un patriotismo alemán sin rupturas, sin encarar la luz y la sombra, sin alegría y duelo, sin gratitud y vergüenza.

Rabí Najman escribió que ningún corazón está tan íntegro como el corazón roto. La historia de Alemania es una historia rota y carga con la responsabilidad de millones de asesinatos y del sufrimiento de millones de personas.

Esto nos rompe el corazón. Por ende, solamente es posible amar a este país con un corazón roto. Quienes no lo soportan, quienes exigen que se ponga punto final, no solo soslayan la catástrofe provocada por la guerra y por la dictadura nacionalsocialista, sino que también devalúan todo lo bueno que hemos logrado desde entonces y niegan la esencia de nuestra democracia.

“La dignidad humana es intangible”. Esta primera frase de nuestra Ley Fundamental recuerda y sigue recordando para todos lo que sucedió en Auschwitz, lo que sucedió durante la guerra y la dictadura. No, hacer memoria no es una carga; por el contrario, el no hacerlo se convierte en una carga. Asumir la responsabilidad no es una vergüenza; por el contrario, negarla sí lo es.

Ahora bien: ¿qué significa nuestra responsabilidad histórica en el día de hoy, tres cuartos de siglo más tarde? La gratitud que sentimos hoy no nos permite darnos por satisfechos. Antes al contrario, la memoria nos exige y nos compromete.

“¡Nunca más!” Es lo que nos juramos tras la guerra. Sin embargo, para nosotros, los alemanes, este “¡nunca más!” significa sobre todo: “¡nunca más solos!”. En ninguna parte esta frase tiene mayor peso que en Europa. Debemos mantener a Europa unida. Debemos pensar, sentir y actuar como europeos. Si no mantenemos unida a Europa en todo momento, incluso durante y después de esta pandemia, entonces no nos mostramos merecedores del 8 de mayo. Si Europa fracasa, fracasará también el “¡nunca más!”.

La comunidad internacional ha aprendido del “¡nunca más!”. Después de 1945 forjó un nuevo fundamento común a partir de las lecciones sacadas de la catástrofe: se establecieron los derechos humanos y el derecho internacional, las normas para la paz y la cooperación.

Nuestro país, que fue el punto de partida de tantas calamidades, ha ido convirtiéndose, a lo largo de los años, en defensor del orden internacional en lugar de ponerlo en peligro.

Por lo tanto, no podemos permitir que este orden de paz se desvanezca hoy ante nuestros ojos.

No debemos aceptar una desvinculación de aquellos que lo construyeron. Queremos que haya más cooperación en el mundo, no menos, también en lo que a la lucha contra la pandemia se refiere.

“El 8 de mayo fue un día de liberación”. Estoy convencido de que hoy debemos darle una lectura nueva y diferente a esta célebre frase de Richard von Weizsäcker. En aquel entonces esta frase constituyó un hito en la lucha con nuestro pasado. Sin embargo, hoy debe orientarse hacia el futuro. Pues, la “liberación” no concluye nunca. No es algo que experimentamos solo de manera pasiva, sino que nos reta activamente y a diario.

En aquel entonces fuimos liberados. Ahora debemos liberarnos a nosotros mismos.

Debemos liberarnos de la tentación de un nuevo nacionalismo; de la fascinación de lo autoritario; de la desconfianza, el aislamiento y la hostilidad entre las naciones; del odio y la instigación al odio, de la xenofobia y el menosprecio de la democracia, porque no son más que los fantasmas de antes disfrazados de otra manera. En este 8 de mayo también recordamos a las víctimas de Hanau, de Halle y Kassel. No han sido olvidadas por el coronavirus.

‘Si esto puede ocurrir aquí, puede ocurrir en cualquier parte’. Ese fue el llamado del presidente de Israel, Reuven Rivlin, en el Bundestag Alemán con ocasión del acto conmemorativo del Holocausto de este año. Si esto puede ocurrir aquí, puede ocurrir en cualquier parte. Sin embargo, hoy no hay nadie que pueda liberarnos de estos peligros. Debemos hacerlo nosotros mismos. Fuimos liberados; liberados para ser responsables de nosotros mismos.

Soy consciente de que este 8 de mayo se está celebrando en tiempos de grandes transformaciones y de una enorme incertidumbre, consecuencia no solo de la pandemia de Covid-19, pero provocados también por la misma. Hoy aún no sabemos cómo ni cuándo saldremos de esta crisis. No obstante, sabemos cómo entramos en ella: con una gran confianza en este país, en nuestra democracia, en lo que podemos liderar juntos. Ello es muestra, pues, de cuán lejos hemos llegado en estos 75 años. Ello me inspira esperanza para todo lo que tenemos por delante.

A causa de la Covid-19, no podemos hacer memoria juntos ni podemos realizar un acto conmemorativo. Empero, aprovechemos el silencio. Detengámonos a reflexionar.

Les ruego a todos los alemanes: conmemoren hoy en silencio a las víctimas de la guerra y del nacionalsocialismo. Interroguen, independientemente de sus raíces, a sus recuerdos, a los recuerdos de sus familias, a la historia de nuestro país común. Reflexionen sobre lo que la liberación del 8 de mayo significa para su vida y sus acciones.

75 años después del final de la guerra, los alemanes podemos estar agradecidos por muchas cosas. No obstante, nada de todo lo bueno que se desarrolló desde entonces está asegurado eternamente.

El 8 de mayo no fue el fin de la liberación. La libertad y la democracia son su mandato permanente: nuestro mandato.

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