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Evidence: la mayor muestra de Ai Weiwei se exhibe en Berlín

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En la que es su mayor solo exhibition, presentada en Martin-Gropius-Bau (Berlín), Ai Weiwei ha sido lo suficientemente ingenioso para convertir represión, hostilidad y opresión en originales piezas de arte conceptual cargadas de significado político, protesta e ironía.

La corrupción y la arbitrariedad de las autoridades es el pan nuestro de cada día – no solo – en China, algo que Ai Weiwei (1957) – artista, arquitecto y activista político – rechaza y condena. El arte conceptual y sus infinitas posibilidades le han permitido plasmar sus ideales y deseos (sociales y políticos) a través de sus obras. Weiwei desafía constantemente al poder en un país donde está en entredicho la libertad de expresión.


De sus trabajos, son pocos los que no contienen alusiones semiocultas u obvias a los turbios tejemanejes de su país o a asuntos que confrontan a China con occidente. Y aunque China trata de restringir continuamente el comportamiento provocativo y de sofocar el activismo de Ai Weiwei (el dominio de su pasaporte obra en poder de las autoridades), el artista mediático por excelencia, uno de los más reconocidos y aclamados en la actualidad internacional, se las ingenia una y otra vez para cargar sus obras de referencias irónicas, políticas e incluso históricas. En la que es su mayor solo exhibition, presentada en Martin-Gropius-Bau (Berlín), Ai Weiwei ha sido lo suficientemente ingenioso para convertir represión, hostilidad y opresión en originales piezas de arte conceptual cargadas de significado político, protesta e ironía.


Las piezas diseñadas para la ocasión o no mostradas antes en Alemania (creadas en su estudio situado en un área rural de Pekín, vigilado por una docena de cámaras), quedan dispuestas en 3000 metros cuadrados y 18 salas del museo. En el patio de luces y el hall se despliegan dos instalaciones grandiosas: “Stools 2014” (variación de la versión ya mostrada en la Bienal de Venecia el año pasado, donde Ai Weiwei representó a Alemania, país que nunca ha ocultado su predilección por el artista), y “ Very Yao”, formada por un torbellino de bicicletas que cuelgan del techo, crítica a los trabajos forzados en su país. El nombre de la exposición, Evidence, guarda estrecha conexión con las series televisivas de crímenes. Pruebas incriminatorias casi todas ellas que en mayor o menor grado acusan al gobierno chino en el marco de una exposición que goza de un carácter profundamente político.


La muestra recoge al mismo tiempo tradición y contemporaneidad; como debería trabajar siempre un artista. “El pasado ayuda a entender el presente”, comenta a CAI María Muñoz, gestora cultural en las ferias de arte alemanas Berliner Liste y Kölner Liste. “Es como si fuera un recorrido a cámara rápida desde la cultura china milenaria hasta el desarrollo de la potencia económica actual vista por el artista, además de su personal vía crucis con las autoridades, representado en la parte audiovisual, así como con objetos que usó durante sus detenciones, realizados en materiales nobles”.


Entre las obras destaca “Golden Zodiac” (2011), copias de las esculturas de bronce del zodiaco chino – encargadas por el emperador en 1750 – que actúan como burla hacia el gobierno que las considera patrimonio cultural de la nación. Con “Souvenir from Shangai” (2012, o cómo renacer de las cenizas), una pared de escombros de lo que fue su nuevo estudio, primero autorizado y luego demolido por las autoridades de Shangái, Weiwei elabora una fina y sarcástica pieza de arte crítica. O la ya mencionada “Stools 2014”, compuesta por seis mil taburetes de madera, idénticos a los que se han usado desde la dinastía Ming (1368-1644), una expresión de la estética de siglos de antigüedad de la China rural.


La repercusión mediática en lo que a la exposición se refiere ha sido hasta el momento extraordinariamente buena. Solo durante el día de la apertura se publicaron unos 300 artículos sobre la muestra en la prensa de América, Australia o Europa. Desde el primer día ha habido colas para ver la exhibición”, comenta a CAI Gereon Sievernich, director del museo Martin-Gropius-Bau. En la preparación de esta exposición han trabajado conjuntamente con el artista durante dos años.


Fue muy complicado porque Ai Weiwei no puede abandonar su país: el gobierno retiene su pasaporte. No obstante, se trató de un periodo muy agradable y hermoso; los deseos del artista han podido satisfacer a casi todos”. En cualquier caso, comunicarse con Ai Weiwei no resultó difícil, afirma. “Todo ha funcionado bien a través de Internet. A Ai Weiwei se le permite mostrar sus trabajos en exposiciones en el extranjero. Sin embargo, no puede exhibir su obra en ninguna exposición dentro de China y ningún museo colecciona allí sus creaciones”.


Fenómeno Ai Weiwei


Ai Wei Wei fue detenido a finales de 2010 por organizar un banquete-cangrejada-protesta (al que no pudo acudir por arresto domiciliario) tras saber que derrumbarían el estudio en cuya construcción había invertido un millón de euros. La demolición respondía a una supuesta ilegalidad, a pesar de que contaba con el beneplácito de las autoridades locales que incluso le habían invitado a unirse al desarrollo de un nuevo barrio artístico en Shangái.


De este artista hijo de Ai Quing, célebre poeta chino, se tuvo constancia global en 2008, cuando su nombre empezó a sonar a raíz de que hubiera diseñado el estadio de los Juegos Olímpicos de Pekín. Su desaparición y detención en 2011 conmocionó a la opinión pública del planeta. El arresto en el aeropuerto de Pekín, vinculado a una supuesta evasión de impuestos, remató su reconocimiento y prestigio mundial, y aupó el valor de sus obras.


Un hecho aciago cuya repercusión internacional ha beneficiado su posición global en el mundo del arte. Aquel acontecimiento insólito desató por el mundo una ola de solidaridad viral que con el respaldo de organizaciones pro derechos humanos y la presión internacional reclamaban respeto, justicia y humanidad para los ciudadanos chinos. Tras su liberación bajo fianza en junio de 2011 después de 81 días de detención (las esposas de jade exhibidas en la muestra aluden a este hecho), Ai Weiwei se comprometió a pagar los impuestos, que según las autoridades, había evadido. Pero no a callar.

Evidence – Ai Weiwei

Martin-Gropius-Bau Niederkirchnerstr. 7

Hasta el 7 de julio 2014

Paco Arteaga Tacoronte
Paco Arteaga Tacoronte© Paco Arteaga Tacoronte

Paco Arteaga Tacoronte, a 7 de abril 2014.

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