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Puerto Berlín: Llega el momento de hablar sobre la literatura latinoamericana en Berlín

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Carlos Jesús González - La presencia de la literatura latinoamericana en Berlín es hoy día un hecho indudable. De unos años para acá, los autores más destacados de la región vislumbran a la capital alemana como un sitio especial dentro del panorama europeo.Tanto es así, que incluso algunos de ellos la han elegido como lugar de residencia, como es el caso de la argentina Samanta Schweblin y el guatemalteco Alan Mills –ambos, por cierto, incluidos en la exclusiva lista Bogotá 39-2017- por no dejar de mencionar al poeta de origen brasileño, Ricardo Domeneck. Otros más, aun sin haber tomado la drástica decisión de quemar las naves y trasladarse en forma definitiva, se han establecido por distintas temporadas gracias, en gran parte, a los atractivos programas de residencias artísticas que promueven instituciones culturales alemanas como la DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst) y el LCB (Literarisches Colloquium Berlin). Entre los beneficiarios de éstos se hallan, entre muchos más, los mexicanos Fabio Morábito, Guillermo Fadanelli y Nicolás Cabral, el costarricense Luis Chaves y el argentino César Aira.

Ello por no hablar de esos otros autores que han parado una o más veces para atender al festival de literatura anual – Internationales Literaturfestival Berlin- en calidad de invitados, o simplemente como parte de la gira de lecturas que realizan para promover la traducción de sus libros a la lengua de Goethe. Laura Restrepo, Jordi Soler, Valeria Luiselli y el más reciente ganador del premio Herralde de Novela, Juan Pablo Villalobos –todos ellos entrevistados por el CAI- tienen como común denominador no sólo el haber visitado Berlín en diferentes momentos, sino también el considerarla un sitio sumamente atractivo, no sólo por lo interesante de su historia o por su multiculturalidad, sino también desde un punto de vista práctico.

Todo esto encaja con lo que nos comentara cierta vez el novelista jalisciense Antonio Ortuño: “es curioso, pero a partir de la manera en la que se reparten las cuestiones editoriales, mi cabeza de puente en el resto del mundo es Berlín”, dijo al respecto en aquella charla, “a partir de la positiva recepción que mi novela die Verbranntentuvo en Alemania surgieron más traducciones, entre ellas al francés, al croata y al italiano”.

Encuentro entre testigos y protagonistas

Conscientes de la importancia y singularidad de este fenómeno, los alemanes Rike Bolte y Timo Berger, en cooperación con el LCB y Literaturport, se dieron a la tarea de curar el simposio "Puerto Berlín". Para ello conjuntaron a diferentes voces –científicos, autores y mediadores culturales- que brindaron su punto de vista acerca del tema. El evento tuvo lugar el 19 de mayo pasado en la casa del Literarisches Colloquium en Wannsee y formó parte del proyecto Parataxe – las escenas literarias de Berlín. Constó de cuatro paneles en los que se abarcaron aspectos concernientes a los últimos cincuenta años de relación entre la literatura latinoamericana y Berlín, desde la llegada de exiliados de la región en las décadas de los sesenta y setenta, hasta la escena actual, cuya representación fue provista por autores que residen en la capital alemana, como los mencionados Samanta Schweblin y Ricardo Domeneck.

Berger, cuyo rostro es conocido por todos dentro del ambiente latinoamericano de Berlín, nos confesó que esta idea no surgió de repente, sino que fue fraguándose de manera paulatina. Gracias a su experiencia como organizador, junto con Rilke Bolte, del festival de poesía latinoamericana de Berlín –Latinale- el cual inició en 2006, pudo percatarse de la gran cantidad de autores que viven en Berlín o han pasado por ella: “esta ciudad satisface sus necesidades de espacio, o les facilita las posibilidades de viaje a otras ciudades importantes de la literatura, como Barcelona”, explica, “y lo mismo puede verse en la escena literaria independiente. Para todos ellos, Berlín ya es parte de un viaje iniciático. Cada vez hay más intercambios, más contacto. Como dije al principio del simposio, fue investigando que nos dimos cuenta de que en los años veinte no había una presencia real de autores latinoamericanos en Berlín. Había rusos o de otros países, pero no de allá. Cuando finalmente tuvo lugar un contacto éste no fue progresivo sino drástico, contundente, producto de los golpes de estado en Chile, Uruguay, Argentina, Brasil. Llegaron intelectuales o escritores movidos por sus ideas políticas o por mera supervivencia. Esta situación fue, pues, el disparador de nuestra idea. Queríamos hacer una especie de mapa literario, una cartografía en el tiempo hasta llegar a la escena actual de autores latinoamericanos en Berlín”.En cuanto a los programas de becas y residencias que otorgan las instituciones alemanas, Berger los considera un factor importante del atractivo que ejerce la ciudad: “hasta el propio (Roberto) Bolaño fue uno de los beneficiarios de estas becas, incluso se hospedó en esta misma casa del LCB aunque creo que su experiencia no fue muy grata, pues le tocó estar prácticamente solo y llegó en una época del año en el que alrededor del Wannsee hay montones de mosquitos (risas). Tampoco hay que olvidar que este programa de residencias de LCB empezó con (Witold) Gombrowicz a principios de los sesenta. Él era de origen polaco pero fue absorbido por Argentina, así que se considera un autor latinoamericano. En todo caso, hablamos de la parte institucional. Hay otros autores que simplemente vienen a visitar, a mojarse los pies, digamos, y finalmente deciden quedarse”.

En cuanto a la gente elegida para las conferencias, Berger y Rike tenían claro la importancia de que proviniesen de distintos orígenes, tanto geográficos como de índole profesional, de tal manera que el relato se enriqueciese a partir de las variopintas experiencias de los invitados: “nuestra intención es que los que atiendan al simposio queden fascinados por la densidad del discurso que tendremos. Algunos de los expositores, por ejemplo, tienen arriba de ochenta años, entre ellos un alemán que recibió a autores chilenos exiliados en los setenta. Asimismo, también se les dará la palabra a los jóvenes que hacen aquí en Berlín la revista literaria latinoamericana, Alba. Conjuntamos todo tipo de vivencias y hablamos de esas redes que normalmente no entran en la historia oficial de la literatura pero que, sin embargo, son importantísimas”.

Precisamente uno de los editores de la referida revista Alba también accedió a hablar con nosotros. Su nombre es Jorge Locane y fue invitado a formar parte del panel “Perspectivas: ¿Barrio latino o global literature? Los años 2000”. Locane tiene una especial inquietud por el idioma elegido a la hora de publicar: “es curioso pero muchos autores de Europa del Este que se pasan a Berlín empiezan a escribir en alemán. En lo que se refiere a los autores latinoamericanos que vienen aquí este fenómeno prácticamente no sucede. No hay cambio de lengua. Tal vez porque su llegada es más reciente”, apunta. En cualquier caso, y más allá de estas y otras cuestiones estilísticas, considera positivo el que se realicen eventos como Puerto Berlín: “el simposio condensa algo que está presente, que está dando vueltas y que falta institucionalizarse. Convive con muchos otros escenarios, cierto, pero ya estamos en condiciones de aceptar y reconocer que hay una dinámica productiva que tiene que ver con lo hispanohablante en Berlín y que posee una función cultural importante”. Al cuestionársele sobre la clasificación de Berlín como la capital cultural actual de América Latina en Europa, Locane lo considera un término un tanto arriesgado o prematuro pero que poco a poco ha adquirido una mayor consistencia: “para un grupo, para ciertos autores, sí que lo es. Además, París ya no ocupa ningún lugar especial hoy en día, al menos no como lo hacía en los años veinte, cuando tantos autores querían tener contacto con ella. Berlín ha recuperado de alguna manera ese atractivo”.

Su opinión es de alguna manera compartida por Patricia Cerda, escritora chilena residente en Berlín y a quien se le solicitó realizar una cronología de la literatura chilena en Alemania desde mediados del siglo XX: “yo estoy convencida de que Berlín ha desplazado a París completamente”, asegura, “la distancia cultural entre las regiones disminuyó muchísimo luego de que se tradujera a los escritores clásicos del boom y, claro, también a partir del exilio. Esta relación ha propiciado un entendimiento del otro, así como un autoconocimiento a través del otro. Además en Berlín tenemos esa biblioteca maravillosa que es el IAI (Iberoamerikanisches Institut) a donde uno puede venir a escribir y a investigar con toda la calma del mundo. Su impresionante acervo ha sido todo un descubrimiento para los autores latinoamericanos”.

Una presencia obligada en este evento fue, por supuesto, la de la gran Michi Strausfeld. Pocos como ella han establecido un contacto tan estrecho con la producción literaria de la región –algunos en Alemania incluso la conocen como “la gran dama de la literatura latinoamericana”-. Pocos, en realidad, le han manifestado una devoción tan sincera. No hay que olvidar que en entre 1974 y 2004 Strausfeld fue responsable de la traducción al alemán de cuatrocientos libros de cien autores latinoamericanos –entre ellos, por supuesto, las principales figuras del Boom- en la prestigiada editorial Suhrkamp. Posteriormente, entre 2008 y 2016 se encargó de la colección de la lengua castellana de la editorial S. Fischer. Haciendo muestra de su excelente humor, Strausfeld asegura que cualquier evento realizado a favor de una mayor difusión y conocimiento de la literatura latinoamericana en Alemania es positivo. “Aquí habemos una mezcla de universitarios, autores y simples amantes de esta literatura, lo que me parece sumamente provechoso”, explica, “es un tema en el que vale la pena profundizar”.Strausfeld asegura no estar muy segura de que a Berlín pueda catalogarse ya como la capital cultural europea, “esas son palabras mayores”, asevera, “sin embargo”, continúa, “no cabe duda de que es una ciudad viva, joven y controvertida que además continúa siendo más barata que París o que Londres, por lo que posee un particular interés dentro del panorama europeo, eso incluye, claro, a los artistas latinoamericanos… ayer visité una exposición de artistas plásticos colombianos radicados en Alemania, muchos de ellos en Berlín, lo que me parece fantástico, sin duda Berlín es se ha convertido en un punto muy estimulante desde el punto de vista intelectual”.

Pese a aceptar que la presencia de la literatura latinoamericana en Berlín es un fenómeno innegable –tanto así que ha sido la excusa para constituir este simposio, seguramente el primero de varios- Strausfeld asegura que eso no necesariamente se traduce en número de ventas: “está más que claro que aquí no hablamos de falta de talento, talento en América Latina sobra: lo que falta es un mayor interés por sus libros en Alemania”, manifiesta con aire de resignación, “hace unos años tuvimos un pico importante con Bolaño pero autores más jóvenes destacan de forma más lenta, con más problemas a la hora de ser leídos. Allí tenemos, por ejemplo, a Yuri Herrera, quien recibió el premio Anna Seghers aquí y quien ha recibido las mejores críticas… con todo y eso el público no termina de reaccionar, no va a las librerías y compra su obra… pero hay que tener paciencia, a veces la literatura, como otras cosas, tarda en abrirse camino”.

Sitios relacionados:

Literarisches Colloquium Berlin: http://www.lcb.de/home/

Literaturport: http://www.literaturport.de/

Parataxe: http://stadtsprachen.de/paratxe

Revista Alba: http://www.albamagazin.de/

Latinale: http://latinale.blogsport.eu

Carlos Jesús González (twitter @CjChuy), junio 2017.

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