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Amor, sexo y soledad en tiempos de apps #4

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Paco Arteaga - ¿Es posible amar sin depender? Aunque sea la aspiración máxima-máxima aspiración del siglo XXI, es prácticamente imposible. Nunca nadie, como hoy, había tenido tantas ansias de libertad desde la Revolución francesa. Hay una relación entre amar y depender que no muchos están dispuestos a aceptar.

Esclavos de la libertad

¿Es posible amar sin depender? Aunque sea la aspiración máxima-máxima aspiración del siglo XXI, es prácticamente imposible. Nunca nadie, como hoy, había tenido tantas ansias de libertad desde la Revolución francesa. Hay una relación entre amar y depender que no muchos están dispuestos a aceptar. ¿Pero de qué sirven la soledad y la libertad si no tienes a nadie con quien compartirlas? Por suerte, hay cosas en la vida que no se pueden hacer solo, y no hablamos solamente de sexo. La libertad hoy en día se resume en mantener intacto el acceso a las apps mientras se vive en pareja. Otra dependencia muy de nuestro tiempo convertida, paradójicamente, en estandarte de la libertad.

Desde la visión críptica, un tanto agresiva y egoísta del amor que propone El Ser y la nadade Sartre —que a su vez se apoya en la Dialéctica de Hegel del amo y el esclavo—, la intención del amante no es poseer al amado como si fuese un objeto, como insinuara Erich Fromm; reclama un tipo especial de apropiación: la libertad del otro. De ahí que el amor para Sartre fundamentalmente devenga conflicto. Como otros pensadores, Hegel estableció la división natural entre dominadores y dominados, amos y esclavos, amantes y amados. Uno solo gana cuando el otro pierde algo; y solo es libre el que en el pulso del amor ha logrado apropiarse de la libertad del otro. No existe igualdad en el amor; es una lucha perpetua. ¿Te suena?

Natalia (mujer heterosexual residente en Berlín) empezó a usar la app Happn hace un año y medio, porque estaba cansada de quedar con españoles y latinoamericanos. “Nunca se me había pasado por la cabeza usar apps para ligar, pero llegó un momento en que me pregunté: ¿Cuál sería la mejor manera de conocer alemanes? En mi caso, no es muy natural que se me acerque en un bar un alemán de manera espontánea. Así que como también tenía que mejorar mi nivel de alemán e inglés, pensé que quedando con comunitarios que no fueran españoles me iría mejor”. Al principio le daba mucha vergüenza y no quedaba con nadie. Hasta que conoció a un francés-chileno, Françoise, que le encantó. Quedaron para hacer tándem pero terminaron en la cama. “Es que era muy guapo...”. Después de cuatro o cinco encuentros sexuales, en la actualidad siguen manteniendo una amistad. Natalia lo tiene claro: “Yo no me he metido en el mundo de las apps porque quiero un novio y casarme. No es mi objetivo. Solo quiero conocer gente que no sea hispanoparlante, y divertirme; estoy soltera y tengo 40 años”.

Berlín y las prácticas BDSM: amos y esclavos

A finales de enero se estrenó en el mítico Kino Moviemento de Berlín el documental Violently Happyde la directora española Paola Calvo. Esta pieza nos descubre las prácticas BDSM (bondage, disciplina, dominación, sumisión, masoquismo, sadismo) que se llevan a cabo en Schwelle 7, un local berlinés al que sus fieles acuden buscando nuevas experiencias íntimas y sensuales a través de la práctica de sus fantasías más ocultas, de experimentos con el cuerpo, la sexualidad y la violencia. Un estereotipo que casa y se cumple muy bien con Berlín. La cinta profundiza en formas de experimentar el placer a través de la violencia; un mundo aparentemente divertido, según sus protagonistas, pero que a la vez implica dolor y violencia. Probar experiencias nuevas y llevarse al límite. Aunque el objetivo de este documental es trasladar al espectador este estilo de vida sexual que pretende mejorar el estado mental y alcanzar la plenitud a través de la violencia, para otros no deja de ser una aberración, por muy de normal que quieran edulcorarlo.

Natalia no ha ido nunca al Schwelle 7, pero le han hablado de él. A pesar de que tiene otro perfil en OkCupid, esta chica alta, delgada, atractiva y estilosa usa sobre todo la red social FetLife. “Es como un Facebook para pervertidos. Tú sabes que en Berlín está muy de moda el sadomaso y lo fetish...”. En esa plataforma conoció a sus play partners fijos actuales: Matthias y Philip. “Matthias está muy metido en ese tema. Después de un año y medio aún me sigo viendo con él, una vez a la semana más o menos. Pero el tipo está muy loco. Está muy bueno, pero está muy mal de la cabeza. Es artista, y tiene un ego... Obvio”. Por su parte, Philip reserva suites en hoteles para ellos dos y mesas en restaurantes con estrellas Michelin. “A mí me encanta el lujo y el champán, pero también me puedo conformar con un chupito de orujo. Con otros chicos solo bebo cerveza”.

Otro local en la misma estela del Schewelle 7 es el Kinki Salon, una fiesta privada en la que practicas sexo si quieres. “Allí he ido con Philip y también he conocido a gente maja con la que quedo para tomar café, y no para sesiones de sexo”, explica Natalia. “Kinki Salon tiene un montón de reglas absurdas, y además siempre me ha parecido como estar en un cumpleaños de abuela: hay que llevar comida y dejarla por ahí para que otros piquen algo”. Organizan fiestas temáticas. La primera a la que fue se llamaba “Holy Disco” y había que ir ataviado para la ocasión. “Yo me vestí de virgen María disco. Fue muy divertido. La siguiente se denominaba “Fight”, así que me planté allí vestida de boxeadora. Acabé con un boxeador”. ¿Y tu pareja? “Esa noche fui sola”.

Momentos sublimes, momentos frustrantes en el universo app

Aunque la experiencia de Natalia con las apps hasta el momento ha sido muy positiva, también ha vivido momentos frustrantes. “La gente se vende como una cosa y luego es otra completamente distinta. Una vez me encontré con un perfil de un tipo proactivo, dominante, pero luego resultó ser un ficus en la cama. Luego me pasó una cosa muy loca. Me escribió un tipo en OkCupid y me dijo: '¿Quieres un esclavo?'. Esto es una broma, pensé”. Le dijo que quería limpiar su casa y ser su chófer. “Vino un par de veces a limpiar mi casa y otro par me llevó en coche. No pasó nada. Además, a mí me va justamente lo contrario, me gusta que me simplifiquen la vida en la cama. El primer día me puse en el papel de dominátrix, pero sin sexo. Él me dijo que quería limpiar, coser, si tenía algún botón que rematar, y que le dejara que me peinara. Cuando le abrí la puerta se lanzó al suelo”.

La llamaba Miss Day. Le trajo flores. “Otro día me llevó a Ikea, al aeropuerto cuando me fui de viaje, donde también me recogió cuando regresé. Una noche, al salir de Deutsche Oper Berlin, estaba lloviendo y le dije que me viniera a buscar y vino. Y el tipo, feliz de la vida. Me dijo que le gustaba el dolor físico pero también el psíquico. Creo que los alemanes recurren a este tipo de prácticas porque están muy sometidos a las reglas y a las normas durante toda su vida. Es su vía de escape. Al final el tipo me despidió. Era una mierda de dominátrix, yo no sirvo para ser ama. No me salía darle caña. Yo siempre en plan 'por favor', '¿te importa?'. Creo que esa ha sido mi experiencia más rara”.

Manga ancha

¿Cuál es tu tipo? “Todos. Gordos, flacos, altos, bajos, me da igual. Yo tengo la manga más ancha que el kimono de una japonesa. Mientras tengan algo que me llame la atención...”. Con Matthias le gustaría tener algo más que sexo. Pese a todo, le tiene cierto cariño. “Pero Matthias no quiere ni una novia, ni una amante ni una amiga. Como buen artista, él quiere una fan. Quiere ser idolatrado, como artista y como amante. Él sabe que yo tengo citas con otros chicos”. De Philip está absolutamente enamorada. “Lo tengo clarísimo. Con Philip llevo seis o siete meses; hablamos todos los días. Todos las mañanas me manda un mensaje de buenos días y por las noches, otro de buenas noches. Por las tardes me manda alguna foto... No lo veo mucho, tiene demasiadas responsabilidades profesionales y familiares: está casado y tiene una niña de cuatro años y una relación abierta conmigo. Philip me encanta, pero la situación es complicada”.

Natalia se refiere a Tinder como nombre genérico para hablar de cualquier aplicación. “El resultado de las apps depende de tus exigencias. Si quieres casarte y tener hijos, quizás no sea el sitio adecuado o tal vez sí, no lo sé. A mí me da todo un poco igual y no espero nada. Creo que mis amigas tienen o más expectativas o menos suerte”. Considera que las apps no son fundamentales, pero cree que hoy en día facilitan mucho las cosas. “Se puede llegar a algo serio usándolas, pero yo no sé si me funcionarían en España. A mí me van bien en Berlín porque los berlineses o la gente aquí ligan de una manera muy rara; no hay interacción y me pierdo. Nunca sé si les gusto o no. En España hay juego de miradas, el tío viene, charla...”. Según su experiencia, a los berlineses las apps les posibilitan el saltarse fases en el videojuego del flirteo, ese primer paso del acercamiento físico. Si bien antes de vivir Berlín Natalia era de relaciones estables, duraderas y monógamas, hasta hace poco no había vivido la experiencia de las relaciones abiertas y el poliamor. “Algo que es muy común y normal que yo he descubierto hace un año en Berlín. Esta ciudad está muy metida en esa tendencia. Aunque puede ser muy peligroso; se te puede ir mucho la olla”.

Paco Arteaga Tacoronte
Paco Arteaga Tacoronte© Paco Arteaga Tacoronte

Paco Arteaga, en exclusiva para CAI, a 3 de febrero 2017.

***Paco Arteaga es periodista, fotoperiodista, proofreader y amateur perpetuo. Ha trabajado para revistas de moda, arte, tendencias y estilos de vida, agencias de noticias, de publicidad y de comunicación. Reside desde hace algunos años en Berlín, ciudad en la que —entre otros proyectos— ha cofundado Berlín Amateurs, donde también se las apaña como editor. Su blog personal.

www.berlinamateurs.com

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