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Un símbolo sale al mundo

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Es sorprendente cuánto cariño experimenta hoy una construcción antes tan odiada. Al trozo de Muro de Berlín en Simi Valley, California, le va en todo caso muy bien. Desde el lugar donde se halla se tiene un magnífico panorama sobre el Pacífico. Para protegerlo del viento y la lluvia, el trozo de Muro recibió una capa especial protectora. Un zócalo mantiene alejada la humedad. Nada debe dañar el monumento, en que se ven un grafito de mariposas y una palabra que podría ser “free”.El explícito mensaje de libertad no sería necesario: el trozo de muro habla por sí mismo. De inmediato vemos las imágenes ante nuestros ojos: seres humanos que bailan, se abrazan, no lo pueden creer. Las escenas conmovieron al mundo. En la noche del 9 de noviembre de 1989, el Muro se transformó en un símbolo universal del triunfo de la democracia.

En la Alemania reunificada, sin embargo, mucha gente no lo quería ver más. El Muro estaba considerado símbolo de familias desgarradas y sueños destruidos, recuerdo hecho piedra de la era del régimen. Había sido una herida abierta en medio de Berlín. Ya que la herida no podía curarse, por lo menos no debía quedar cicatriz alguna.

Internacionalmente, por el contrario, el Muro se transformó en un objeto de culto. Ya el 10 de noviembre de 1989, así lo reconstruyó la Fundación para el Análisis de la Dictadura del SED en su informe “El Muro de Berlín en el mundo”, llegaron ofertas para comprar partes del Muro. Fue el comienzo de un debate sobre cómo tratar el pasado de las dos Alemanias: un debate que continúa hasta hoy y constituyó la señal de partida para el viaje del Muro por el mundo.

Trozos grandes y pequeños se hallan hoy en todos los continentes. La Fundación encontró segmentos en 146 lugares de todo el planeta. Solo en Estados Unidos hay aparentemente más metros de Muro que en Berlín. Allí donde se celebra particularmente la victoria sobre el comunismo son también especialmente populares los símbolos de su fracaso. Tanto sea en Washington como en Yokohama o Buenos Aires, en todo el mundo el Muro simboliza la victoria sobre la dictadura y el fin de la opresión.

Muchos de los nuevos “propietarios del Muro” son artistas. Probablemente reconocieron tempranamente el peso simbólico de la construcción… y su potencial para que le fuera adjudicado otro significado. Ludwik Wasecki, por ejemplo, erigió en su terreno en una aldea cerca de Wrocław todo un memorial. Restos del muro se alternan con instalaciones propias. No obstante, no llama mucho la atención. Lo mismo vale para las partes de Muro que el artista indonesio Teguh Ostenrik envió por barco a Yakarta. El planeado proyecto, sin embargo, no pudo ser llevado a la práctica. Los gigantes de hormigón se hallan aún en su jardín.

Muchos más visitantes atraen los trozos de Muro que encontraron un lugar en el entorno de museos, por ejemplo, delante del Imperial War Museum, en Londres, o en el Museo Olímpico de Lausana. Muchos se hallan también en plazas y parques públicos. A veces, esos lugares de encuentro llevan una referencia a Alemania incluso en el nombre. El trozo de Muro llevado a la capital francesa en el marco de la hermandad de ciudades Berlín-París se halla en la Esplanade du 9 novembre 1989.

En América Latina, pero también en muchos países de Europa Central y Oriental, los restos de Muro son relacionados con la propia experiencia con dictaduras. ¿Dónde podría estar mejor un trozo de Muro que en los astilleros de Gdańsk, donde nació Solidarność, o en Chile, donde la población se liberó de Pinochet luego de 20 años? En Santiago de Chile se cruzaron sorprendentemente el recuerdo y procesos judiciales en relación con el pasado de la RDA. Mirando el memorial del Muro delante de su residencia, el embajador alemán Wiegand Pabsch recuerda el desgraciado hecho de que en la embajada de Chile en Moscú hallara refugio Erich Honecker, exjefe de Estado de la RDA.Recuerdos personales, bien educativo y cultural, símbolo político: los trozos de Muro en el mundo poseen muchos significados. Algunos sirven sencillamente a intereses de marketing. Algunas empresas creyeron que un objeto histórico de ese tipo quedaría bien en su vestíbulo. Cuando Daimler-Benz regaló trozos del Muro a sus socios comerciales, también Bill Gates recibió uno. Y un restaurante en Portland hace publicidad con “la mejor langosta de la costa este” y un trozo de Muro. Cómo su propietario accedió a la particular decoración está poco claro.

A menudo fueron efectivamente tortuosas las sendas por las que los trozos de Muro salieron al mundo. Inmediatamente después de su caída, poca gente exigió que se conservara parte de la frontera. Entre quienes opinaban de otra forma se hallaba Willy Brandt, excanciller federal y exalcalde gobernador de Berlín Occidental. Quienes ejercieron responsabilidades políticas durante la fase de transición vieron las ofertas del exterior como oportunidad para acceder a divisas. La costosa demolición del Muro, se pensaba, podía así compensarse un poco. La distribución fue encargada a una empresa especializada en comercio exterior. Remates en Berlín y Mónaco dieron grandes impulsos al negocio.

Tarde maduró la convicción de que la memoria necesita lugares. En efecto, supera la imaginación que el barrio vecino haya formado antes parte de otro Estado. Comprenderlo realmente es posible hoy solo en la calle Bernauer Strasse, donde en los últimos años surgió un impresionante lugar del recuerdo. El Muro salió al mundo, pero el mundo lo resarció: luego de la reunificación, Japón le regaló a Alemania miles de cerezos, que fueron plantados a lo largo de la antigua franja fronteriza.

Helen Sibum, octubre 2014.

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