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Mensaje del Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, con motivo del Día de la Unidad Alemana el 3 de octubre de 2020

Heiko Maas -Ministro Federal de Relaciones Exteriores

Heiko Maas -Ministro Federal de Relaciones Exteriores, © Thomas Koehler/photothek.net

01.10.2020 - Artículo

Personas desbordantes de júbilo en la Puerta de Brandemburgo, fundidas en abrazos, riendo y llorando al mismo tiempo de pura alegría. Son imágenes tan conmovedoras como estas las que relacionamos con la caída del Muro en noviembre de 1989 y con la Unidad Alemana de hace 30 años.

El mundo entero veía con incrédulo asombro cuánta energía podía emanar del valor de las personas y cómo el anhelo de justicia y libertad lograba poner fin a una dictadura de manera pacífica. Por muy sorprendentes que resultaran para todos los acontecimientos acaecidos en el otoño de 1989, la caída del Muro de Berlín no surgió de la nada sino su camino se vio allanado por una política de reconciliación y acercamiento y por el diálogo mantenido por personas de la sociedad civil durante décadas más allá de los límites del Muro; y fueron las personas valerosas quienes forzaron su caída. Un año más tarde, el 3 de octubre de 1990, se producía la unificación de los dos Estados alemanes como resultado de las intensas y valientes negociaciones políticas mantenidas con los aliados y los vecinos. También gracias a ellos, nuestro país está ahora firmemente anclado en la comunidad internacional y en una Europa unida y pacífica.

Estos 30 años de Unidad Alemana son un motivo para volver la mirada atrás, y no solo para las personas en Alemania, sino para muchas otras en todo el mundo. El mensaje de entonces es que las grandes cosas no se alcanzan en solitario, sino solo colaborando estrechamente con vecinos y socios.

La cooperación leal y estrecha es uno de los principios rectores de la política exterior alemana. Y aunque con la pugna por encontrar soluciones comunes los resultados no se obtengan tan rápidamente como todos desearían, la intransigente actuación en solitario y el replegarse en egoísmos nacionales no son más que caminos errados que no deparan nada bueno.

Todos percibimos que los grandes temas de la humanidad o se resuelven juntos o no se resuelven. La pandemia ocasionada por el coronavirus es buena prueba de ello. Tales soluciones deben basarse en el esfuerzo en pro de un mayor intercambio y en un entendimiento mutuo más profundo. Tarea esta que no solo recae en la política, sino también en las sociedades civiles, la educación y la cultura.

Precisamente el arte y la cultura logran tender valiosos puentes de diálogo. A través de ellos podemos entender los sueños y los traumas de nuestras sociedades y buscar perspectivas comunes.

La Alemania unida desde hace ya treinta años defiende la política de paz y aboga por soluciones cooperativas en la Unión Europea, las Naciones Unidas y también en la Alianza en pro del Multilateralismo, fundada por Alemania conjuntamente con algunos de sus socios.

La caída del Muro de Berlín y la reunificación de Alemania nos han demostrado que muchas de las cosas que durante largo tiempo parecían imposibles no lo son. Esto requiere del valor, la voluntad y el instinto de tomar las decisiones correctas en el momento adecuado. Cualidades todas ellas que también hoy necesitamos, pues como comunidad internacional nos enfrentamos a desafíos particularmente grandes. Sin embargo, no hay ninguna razón para resignarse. Recordemos la fundación de las Naciones Unidas hace 75 años, inmediatamente después de los horrores de la II Guerra Mundial; en aquel momento a la gente no le habrían faltado razones para desconfiar los unos de los otros. Habrían tenido motivos más que suficientes para temer el futuro. Y a pesar de ello dijeron: Fundamos la Organización de las Naciones Unidas porque creemos que juntos podemos trabajar mejor en pro de la paz y la libertad.

En la actualidad deberíamos rememorar esto con más frecuencia. Tenemos motivos para abrigar esperanza. ¿Cuándo, si no hoy, las personas en Alemania deberían ser conscientes de ello?

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