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Intervención inicial del Ministro Federal de Relaciones Exteriores Heiko Maas, Diputado del Bundestag Alemán en la mesa redonda sobre los derechos de las mujeres y el Estado de derecho

03.05.2019 - Artículo

Ciudad de México, a 1 de mayo de 2019

Estimada rectora,

estimadas senadoras y senadores,

estimadas diputadas y diputados,

distinguidas embajadoras y embajadores, muy distinguidas señoras y señores:

«Atada al hogar» o «enclaustrada en un monasterio», estos eran los papeles tradicionales desempeñados por las mujeres durante el imperio colonial español. En la Alemania de aquel entonces la situación era también muy similar.

Sor Juana Inés de la Cruz, quien vivió aquí en el siglo XVII y a quien esta universidad le debe su nombre, se decidió por el monasterio. Por muy extraño que hoy pueda parecernos, viviendo en el convento esperaba gozar de mayor libertad intelectual que haciéndolo como una esposa del barroco.

Sor Juana aprovechó hasta el menor resquicio de libertad. Tras los muros del convento escribió frases como la siguiente: «No hay cosa más libre que el entendimiento humano».

En sus textos se rebelaba contra las estructuras que de manera sistemática excluían a las mujeres de la educación y del mundo de la ciencia. Hoy diríamos que Sor Juana Inés de la Cruz era una feminista. Imagínense, 200 años antes de que este término hubiese sido acuñado.

Por esta razón, no podría imaginar ningún otro lugar más idóneo que el antiguo convento de Sor Juana Inés para hablar con ustedes sobre un tema muy importante que en Alemania mueve los ánimos y que, por lo que sabemos, también en México reviste gran importancia; me estoy refiriendo a la igualdad de género. Resulta difícil concebir un lugar más inspirador o motivador que este para celebrar un evento semejante.

Igualmente inspirador resulta ver a los invitados aquí presentes. Pues es muestra de la gran presencia de las mujeres en la política, el periodismo e, incluso, la ciencia mexicanos.

La mitad de los diputados del parlamento mexicano son mujeres. Muchos Estados de América Latina tienen leyes que fomentan una mayor representación de las mujeres en el parlamento. ¡Pueden sentirse bien orgullosos de ello!

Lo digo pensando, sobre todo, en Alemania, donde hoy en día el número de diputadas que ocupa un escaño en el parlamento es menor que hace veinte años. Esto es sencillamente vergonzoso.

Sin embargo, demuestra principalmente dos cosas:

Primero: Cuando hablamos de paridad, teóricamente, podríamos aprender mucho unos de otros. De hacer un intercambio entre iguales, de eso es de lo que precisamente se trata también hoy aquí.

Este intercambio es también uno de los objetivos de este viaje y de nuestra Iniciativa para América Latina, que tenemos intención de impulsar el mes próximo desde Berlín junto con numerosas homólogas y homólogos de toda la región, y que inicia su andadura con este viaje.

Sin embargo, el ejemplo del Bundestag Alemán ilustra también otra cosa: si miramos el mundo que nos rodea, seremos conscientes de que actualmente estamos viviendo peligrosas involuciones. Y no solo en el ámbito de la igualdad de género, sino también en el de la protección de los derechos humanos en general y en el del respeto del derecho internacional.

El populismo y el nacionalismo corroen nuestras democracias como si de óxido se tratara. Sus protagonistas no desean otra cosa que retroceder en el tiempo.

Hace tan solo unos pocos días, yo mismo me di cuenta en Nueva York de lo peligroso que puede llegar a ser ese salto atrás, el llamado "push back", cuando en el Consejo de Seguridad, y bajo la presidencia alemana, aprobamos una resolución para luchar contra la violencia sexual en los conflictos.

Lo que para nosotros significaba, sin embargo, un logro, tenía un resabio insípido, ya que fue verdaderamente decepcionante asistir durante semanas a negociaciones en las que se cuestionaban cosas que, en realidad, por sentido común deberían ser totalmente obvias. Como, por ejemplo, el pedir cuentas de manera más consecuente a los victimarios. O la petición de hacer llegar por fin a las supervivientes de la violencia sexual la ayuda y el apoyo que se merecen.

No obstante, una cosa es nueva: no se oponían únicamente aquellos que siempre han rechazado cualquier tematización de los derechos humanos por considerarlo una intromisión en sus propios asuntos internos, sino, muy sorprendentemente, también algunos de los antiguos socios.

A mí esto me sirvió, en particular, para entender que en lo relativo a los derechos humanos y la igualdad de género, el progreso no puede darse por descontado.

Hace poco, una de nuestras correligionarias, Michelle Bachelet, en su calidad de Alta Comisionada para los Derechos Humanos, puso el dedo en la llaga diciendo: «We need to push back the push-back». En mi opinión, con ello dio ciertamente en el clavo.

Señoras y señores:

Vamos a requerir nuevos socios para esta tarea, tanto en Europa como en América Latina. Por esta razón, hace algunos meses dijimos que teníamos que asociarnos en una «alianza para el multilateralismo»; y para ello vamos a necesitar a nuestro lado a socios de América Latina.

•             Y es que no solo compartimos idénticos valores, sino también numerosos intereses similares.

•             Mantenemos estrechos lazos culturales.

•             Creemos en la cooperación internacional porque el intercambio y la apertura benefician a nuestros países, y también creemos que precisamente juntos somos más fuertes de lo que jamás pudiéramos llegar a serlo individualmente.

Esto nos convierte en aliados naturales.

Y es importante tener en cuenta que aquí el término «aliado» no alude solo explícitamente a los representantes del Gobierno. Si no aunamos nuestras fuerzas con las de la sociedad civil, no podremos detener este salto atrás ni lograr tampoco ningún avance. Y sin la participación paritaria de las mujeres debilitaremos nuestra capacidad de actuación.

Y lo que es más: debilitaremos nuestra democracia. Que el 50% de una sociedad gane menos por el mismo trabajo, que ese mismo 50% sea víctima de la violencia doméstica con mucha mayor frecuencia y que sus oportunidades profesionales continúen siendo significativamente peores no es solo una injusticia intolerable.

Afecta también a la esencia de lo que precisamente fortalece nuestras democracias, es decir, a la igualdad en libertad.

Y esto, para mí como ministro de Exteriores, significa que tenemos que encargarnos de que las mujeres sean consideradas actoras en igualdad de condiciones en todo el mundo. Algo teóricamente obvio ─o así debería serlo─ en el año 2019. Sin embargo, lamentablemente la realidad es bien distinta.

Por esta razón, estemos donde estemos, ya sea en el Iraq, en Sierra Leona o Nueva York, también intentamos siempre reunirnos con mujeres para imbuirnos de sus inquietudes. Y por este motivo me complace particularmente que también en este viaje nos acompañen algunas precursoras de la lucha por los derechos de las mujeres en Alemania.

Juntos hemos discutido ya en Salvador de Bahía y Bogotá sobre la discriminación y sobre la violencia contra las mujeres, pero también sobre las oportunidades y las perspectivas de las mujeres en los ámbitos de la economía, la política, la ciencia, la cultura y los medios de comunicación. Y es para mí un placer poder continuar intercambiando pareceres con ustedes hoy y mañana, aquí, en Ciudad de México.

Todos estos pasos conducen a la creación de una red de y para mujeres de Alemania, América Latina y el Caribe. A través de ella queremos establecer una plataforma

•             que aúne las fuerzas progresistas de nuestras regiones y las posibilidades con que estas cuentan

•             que posibilite un intercambio más intenso,

•             que promueva proyectos para que las sociedades sean paritarias, y finalmente

•             que recompense el compromiso profundo con los derechos de la mujer y la democracia, por ejemplo, mediante la concesión de un premio.

Pero de todos ellos, hay un tema que reviste para mí especial importancia. Ya lo hemos abordado en profundidad en Brasil y también en Colombia y acabo de mencionarlo en relación con nuestra labor en el Consejo de Seguridad. Se trata de la violencia contra las mujeres.

La violencia contra las mujeres se ha convertido en una epidemia mundial. Las cifras son estremecedoras, tanto en Alemania como, también en particular, aquí en México. ONU Mujeres ha contabilizado aquí 760 feminicidios tan solo en 2018. Cada uno de estos casos es uno de más.

Es la «incultura de la impunidad» la que conduce a estos atroces crímenes y la que provoca que estos se repitan una y otra vez. Por esta razón necesitamos organismos públicos e instituciones más eficaces que activen los mecanismos necesarios para esclarecer estos crímenes contra las mujeres de manera más consecuente.

También en este terreno ofrecemos nuestra cooperación asociativa. A día de hoy el fortalecimiento del Estado de derecho es ya un pilar fundamental de la cooperación entre Alemania y México y este tema debería formar parte de ella.

Y es alentador que el Gobierno mexicano haya convertido la lucha contra las desapariciones forzadas, la corrupción y la impunidad en una de sus prioridades.

«¡Ni una menos!». Este lema del movimiento feminista latinoamericano debería encontrar también resonancia en la labor de nuestra red de mujeres.

Señoras y señores:

Hemos estado pensado cómo podría llamarse una red de este tipo. Al final se decidió que se llamaría «UNIDAS» porque se trata de que las mujeres estén interconectadas y se apoyen mutuamente.

Así que ya tenemos el nombre. Solo parecen faltar las madrinas. Y aquí, en este lugar tan especial y tan bello no puedo evitar pensar en alguien como Sor Juana de la Cruz. No nos vendría mal contar en nuestras filas con alguien como ella, que tuvo el valor de contradecir hace más de 300 años a las autoridades, afirmando que el entendimiento  no depende del sexo que se tenga. Así que esperemos que, desde su tribuna de honor, desde la que quizás nos esté observando, acepte el madrinazgo.

Señoras y señores:

Ahora nos deseo a todos una tarde inspiradora que nos aporte debates sinceros y de calidad. Como le habrían gustado a Sor Juana, para la que no había nada más libre que el entendimiento humano. Con lo que tenía toda la razón.

Muchas gracias.

 

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