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Discurso pronunciado por el Ministro Federal de Relaciones Exteriores Heiko Maas con ocasión de la inauguración de la conferencia FUTURE AFFAIRS "La revolución digital:¿restablecimiento de la política de poder global?”

El Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, durante su discurso en la inauguración de la conferencia Future Affairs

El Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, durante su discurso en la inauguración de la conferencia "Future Affairs", © Xander Heinl/photothek.net

29.05.2019 - Discurso

Europa ha votado. El pasado domingo se celebraron las elecciones a un nuevo Parlamento Europeo y ahora se multiplican los análisis en busca del impacto que tuvieron las redes sociales en estas elecciones.

Sin embargo, el debate que se está manteniendo en estos momentos es diferente al que quizás nos habríamos imaginado hace un par de semanas. Antes de las elecciones se hablaba mucho en las redes sociales de los riesgos de las llamadas "fake news" y de la desinformación.

Su efecto en estos comicios, en cambio, fue muy inferior al que muchos auguraban. También es posible que sencillamente estemos más alerta.

El revuelo desatado en las redes, la ola de movilizaciones sobre todo entre jóvenes votantes, no se originó con tuits de populistas de derecha o bots rusos, sino por jóvenes que se emanciparon de la vieja política analógica y que aprovecharon los medios digitales para comunicarse directamente con su público. Más de 80 youtubers con varios millones de seguidores evidenciaron el potencial democrático que conlleva la digitalización y cómo cambia por completo nuestra convivencia democrática.

Hoy cuando hablamos de la digitalización, abordamos las oportunidades y los riesgos y el modo en que podemos desarrollar respuestas e ideas a cómo defender nuestros valores también en el mundo digital. En el contexto de la digitalización debemos aprender nuevas formas de hacer política y de comunicarla.

Señoras y señores:

Es indiscutible que el liderazgo tecnológico en la digitalización es un superfactor de poder, un elemento de cambio, porque va a afectar a todos los demás factores de poder.

Quien tiene el mejor acceso a los datos, controla la materia prima decisiva para el aprendizaje automático.

Quien establece las normas y posee las patentes, tiene en su poder la clave de la competencia entre las grandes potencias.

Si se producen nuevos avances, por ejemplo, en la capacidad de computación, el equilibrio de fuerzas volverá a cambiar.

China y los Estados Unidos de América hace tiempo que son conscientes de esta realidad. Lo que también explica la creciente dureza con la que estos países están luchando por la supremacía digital. Se trata de dos escuelas de pensamiento completamente distintas: por un lado están los que apuestan por la coexistencia y, por otro lado, los que exigen un desacoplamiento tecnológico completo de la otra parte.

Y justamente por ello se puede afirmar que sobre el mundo planea otra vez la amenaza de una nueva división. Aunque esta vez no es de naturaleza militar, como en la Guerra Fría, sino tecnológica.

El debate en torno a la introducción de la red móvil 5G es para nosotros los europeos una auténtica prueba de realidad en este contexto. Porque nos ha demostrado lo cerca que estamos hoy de un mundo en el que solo podemos elegir entre una esfera tecnológica estadounidense y una china.

Resulta fácil de imaginar cómo sería ese mundo en caso de continuar por ese camino.

En un extremo se encuentra un modelo que ve la tecnología como un medio de control y de conservación del poder. La vigilancia masiva y la censura, pero también sistemas de puntuación social, son los métodos elegidos. De esta forma, la tecnología se convierte en un instrumento totalitario.

En el otro extremo está un modelo que rechaza toda regulación por considerarla una interferencia en la libertad del entorno digital. Quienes desarrollan nuevas tecnologías establecen los límites de lo posible. Se permite todo lo que es tecnológicamente alcanzable. A esta corriente la podemos llamar ultra libertaria.

En un punto intermedio nos encontramos los europeos, y pienso que también muchos de nuestros invitados e invitadas de América Latina y el Caribe.

Creemos en el gran potencial positivo de la digitalización. Pero también reconocemos el peligro que representa para nuestra democracia. Sin embargo, el aislamiento no es la solución. Las sociedades libres y abiertas necesitan un Internet libre y abierto.

No obstante, la libertad también necesita regulación.

Reconozcámoslo, para establecer reglas, para exigir su cumplimiento, hay que tener influencia, sobre todo en la política internacional. Una influencia que ninguno de nuestros países tiene por sí solo.

Por eso, señoras y señores, la revolución digital es el mejor ejemplo de por qué el multilateralismo es la solución. Y de por qué el nacionalismo no puede funcionar en un mundo globalizado. La revolución digital no la pueden controlar ni dirigir los países unilateralmente. A las redes digitales debemos responder con redes políticas.

Considero que ya disponemos de los primeros logros:

Con Brasil hemos presentado en la Asamblea General y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas desde 2013 seis resoluciones sobre el derecho a la privacidad en la era digital.

El año pasado trabajamos codo con codo con México en la preparación de un nuevo mandato para el Grupo de Expertos Gubernamentales que desarrolla normas de conducta responsable de los Estados en Internet. El presidente de este Grupo es por cierto brasileño.

Pero dada la fuerza de la transformación digital tenemos que ir mucho más allá. Con tal motivo les hemos invitado a venir hoy aquí a Berlín a ustedes que, al igual que nosotros, apuestan por soluciones multilaterales, pero cuyas voces en los mencionados temas no siempre son escuchadas lo suficiente. Esto es así aunque países como el suyo, Señor Presidente Alvarado, cuentan con amplia experiencia como sede de innovadoras empresas de alta tecnología y start-ups.

Precisamente por ello hemos elegido América Latina como región invitada para la primera conferencia "Future Affairs" que se celebra aquí en Berlín. Y también nos hemos traído a casa "Re:publica", la mayor conferencia digital de Europa. Hay una cosa que está clara: temas centrales relevantes para el futuro como el cambio climático y la digitalización no se pueden abordar sin la sociedad civil, sin las empresas y sin las organizaciones no gubernamentales. Necesitamos su creatividad, sus conocimientos técnicos y a veces incluso su provocación para encontrar el camino correcto en el mundo digital.

Y este camino, señoras y señores, debe ser un camino nuevo, un camino entre lo totalitario y lo ultra libertario.

Y tal camino lo hemos trazado, pese a todas las críticas, con el Reglamento General de Protección de Datos. Dicho Reglamento se ha convertido en un modelo de referencia y en una norma reconocida en muchos países. Recientemente hasta el fundador de Facebook Mark Zuckerberg expresó que un reglamento "al estilo europeo" también redundaría en interés de las multinacionales de Internet estadounidenses que buscan un espacio de igualdad de condiciones a nivel mundial.

A principios de abril, una comisión de expertos de la Unión Europea publicó unas directrices en el ámbito de la inteligencia artificial. De esta forma la UE pretende conseguir en el ámbito de la inteligencia artificial lo que ya ha logrado con el Reglamento General de Protección de Datos, a saber, poder participar a nivel internacional en el establecimiento de normas y reglamentos.

Es evidente que juntos somos de todo menos impotentes.

Asimismo, señoras y señores, debemos poder competir a nivel tecnológico. Por ello pondremos todo nuestro empeño en que la Unión Europea oriente su próximo marco financiero de forma coherente en temas relevantes para el futuro, esto es, en investigación y desarrollo. Puesto que la innovación garantiza también la influencia, afirmación esta que ahora es más válida que nunca en el mundo digital.

Hoy también tenemos previsto abordar conjuntamente las "buenas prácticas" que ya existen a este respecto. Tan solo me gustaría mencionar un par de cuestiones en las que estamos trabajando actualmente en el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores:

En primer lugar, la desinformación: En la actualidad ya recurrimos a una serie de algoritmos y a la inteligencia artificial para entender mejor los debates que tienen lugar en las redes sociales. Esto nos ayuda, por ejemplo, a actuar con mayor rapidez cuando se divulgan noticias falsas, como hicieron los traficantes de personas en relación con la crisis de refugiados. Y dentro de la UE confiamos en una mejor coordinación gracias al Plan de Acción contra la Desinformación.

En segundo lugar, el reconocimiento temprano de crisis: El año pasado causó sensación la noticia de que China ya utiliza inteligencia artificial para preparar decisiones en materia de política exterior.

Nosotros aún estamos muy lejos de llegar a ese punto. Sin embargo, hemos desarrollado una plataforma que nos ayuda a reconocer crisis con mayor antelación. Los indicadores económicos, los datos sobre el clima, los datos sobre ataques terroristas y enfrentamientos y la información sobre el desarrollo demográfico nos ayudan a detectar crisis en una fase más temprana. Esto puede resultar muy valioso para una política exterior prospectiva.

Y, por último, los sistemas de alerta temprana: En Siria vemos cómo la tecnología innovadora puede salvar vidas. En ese país ayudamos a una organización que ha desarrollado un sistema de alerta temprana contra ataques aéreos sobre instituciones civiles y humanitarias que dispone de sencillos sensores y observadores conectados a través de redes sociales. Y que en zonas como Idlib salva vidas día tras día.

Señoras y señores:

Estos ejemplos ponen de manifiesto el potencial que ofrecen las redes sociales. Y así también nos lo recordó una vez más el debate mantenido la semana pasada.

Hay un proverbio, casualmente, chino que reza así: "Cuando soplan vientos de cambio, algunos construyen muros, otros molinos".

Creo que hablo por muchas personas presentes aquí en esta sala cuando digo que no nos gustan nada los muros. Ya en el pasado los muros no resultaron ser una buena idea. Y con razón tampoco son una buena solución para el futuro.

Así pues, aprovechemos el aire fresco que trae consigo la digitalización. Antes bien, ¡construyamos juntos molinos de viento! Quizás podamos ponernos hoy mismo aquí manos a la obra.

Muchas gracias.

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