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Discurso inaugural del Ministro Federal Heiko Maas con motivo de la Conferencia sobre América Latina y el Caribe

El Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, habla en la Conferencia de América Latina y el Caribe

El Ministro Federal de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, habla en la Conferencia de América Latina y el Caribe, © Florian Gaertner/photothek.net

28.05.2019 - Discurso

29 Estados de América Latina se encuentran hoy aquí presentes. Es decir, superan por uno en número a los Estados miembros de la Unión Europea. Este dato es extraordinariamente alentador para lo que nos hemos propuesto con nuestra Iniciativa para América Latina. El hecho de que llevemos algo de retraso con el programa se debe a que hemos comenzado con un desayuno de ministros en el que teníamos tantas cosas que contarnos que no hemos podido atenernos a la puntualidad alemana.

Muy distinguidas señoras, muy distinguidos señores, la geografía es cuestión de suerte. Eso, o algo muy similar, es lo que nos han venido enseñando en las últimas décadas los geopolíticos, desde Henry Kissinger hasta Robert Kaplan.

Y, efectivamente, la experiencia les da la razón. Los recursos naturales, las fuentes energéticas, el clima, la topografía: todo ello determina quiénes somos y lo que somos. Y obviamente la situación geográfica de un país desempeña un papel fundamental; también en la política exterior.

Los europeos vemos a Rusia, nuestro país vecino, con ojos distintos a los americanos. Y, a su vez, para los latinoamericanos los EE.UU. tienen, obviamente, un significado totalmente distinto que para África o la India.

Sin embargo, la geografía está lejos de serlo todo. En ningún otro lugar se hace esto tan patente como en América Latina. Las diferencias geográficas no podrían ser mayores; pensemos en los desiertos de México, Perú o Chile, en las selvas tropicales del Amazonas o en las cumbres nevadas de los Andes con una altitud de 6000 metros. Y, a pesar de ello, la historia, la cultura y la situación política y económica han hecho que entre sus países hayan nacido unas relaciones especiales: estrechas, no por las circunstancias; sino, más bien, a pesar de ellas.

No somos prisioneros de la geografía. Si fuera así, podríamos ahorrarnos esta conferencia.

Desde el punto de vista geográfico son muchas las cosas que nos separan. Para percatarse de ello basta con echar un vistazo al plan de vuelo de Lufthansa: de todos los vuelos directos, el más largo, y con mucho, es el de Fráncfort a Buenos Aires. Por este motivo, querido Jorge [Faurie, ministro de exteriores argentino] me alegro de que a pesar de ello estés aquí. El año pasado fui yo quien te visitó a ti en Buenos Aires con motivo de la cumbre del G20. Aún me gusta recordarlo, como también me gusta recordar nuestra cooperación cuando les traspasamos la presidencia del G20. Esto es para mí un gran placer.

Efectivemente, la geografía no lo es todo y me atrevería a afirmar que su importancia, la importancia de la geografía en la era digital está disminuyendo considerablemente.

Esto se hace especialmente patente cuando se trata de distancias.

  • Gracias a la digitalización la distancia entre los distintos países y continentes se ha reducido al tiempo que se tarda en enviar un correo electrónico.
  • Un post puede llegar a millones de usuarios en cuestión de segundos y un hashtag puede desencadenar debates globales.
  • El flujo de mercancías y de datos generan una interconexión insospechada hasta el momento.
  • Pero también la movilidad de las personas ha aumentado.

Si nuestro mundo digital se está convirtiendo, cada vez con mayor pujanza, en una metrópoli, como afirma el historiador británico Timothy Garton en sus escritos; ¿qué conlleva esto para nuestra política exterior aquí y ahora? ¿Y para nuestras relaciones con los demás? Nos gustaría discutir estos temas intensamente con ustedes especialmente en el marco de la conferencia “Future Affairs” de mañana.

Pero, continuando con la metáfora anterior: en esta metrópoli global no será solo la proximidad entre las puertas la que determine la vecindad. En la era digital se crea una proximidad entre aquellos que se conectan entre sí. Entre los que se abren a aprender de los demás. Entre los que comparten valores e intereses.

Por esto precisamente es por lo que los he invitado a venir hoy aquí, a Berlín. Estoy convencido de que en el mundo del siglo XXI América Latina, el Caribe y Europa pueden ser vecinos. Y creo que el hecho de que tantos de ustedes hayan aceptado nuestra invitación y apoyen nuestra iniciativa, como han demostrado ya esta mañana, es una buena señal.

Tenemos el Atlántico de por medio, pero:

  • compartimos muchos valores e intereses,
  • vivimos en las regiones más democráticas del mundo,
  • mantenemos estrechos lazos culturales,
  • reconocemos las normas internacionales, los derechos humanos, la apertura económica, los preceptos sociales y ambientales justos.

En resumidas cuentas, distinguidas señoras y señores, somos, sencillamente, aliados naturales.

Los aliados nos son indispensables en un mundo en el que la inseguridad ha aumentado dramáticamente:

  • China utiliza su poder económico de manera cada vez más enérgica para ejercer presión en el ámbito político; y también lo hace en nuestras regiones y en las suyas;
  • Rusia emplea la violencia militar para consumar hechos políticos;
  • y los EE.UU., en realidad uno de los pilares fundamentales del orden internacional, se han vuelto un tanto imprevisibles. Baste pensar en su retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático o en la política comercial proteccionista con la que tenemos que vérnoslas en la actualidad.

Lo que en su discurso de aceptación del Premio Nobel Gabriel García Márquez describió como “la soledad de América Latina”, es decir, un mundo en el que los más fuertes marginan a los más débiles, ha dejado de ser hace tiempo una preocupación exclusivamente latina.

Ser sujeto u objeto de la política internacional ha pasado a convertirse también para nosotros, los europeos, en una cuestión decisiva para el futuro.

En un mundo en el que la ley del más fuerte reemplaza la fuerza de la ley, Europa, América Latina y el Caribe únicamente pueden salir perdiendo. Y es que ninguno de nosotros somos superpotencias.

Por tanto, si queremos que se nos tenga en cuenta, necesitamos aliados. Sobre todo ante grandes fenómenos globales como el cambio climático, la digitalización y la migración. Ninguno de nosotros podrá dar solución a tales retos por sí solo.

Por esta razón tenemos que buscar una mayor proximidad. Tenemos que convertirnos en vecinos en este nuevo mundo.

Partiendo de este propósito decidimos que América Latina y el Caribe debían ocupar un lugar más importante dentro de la agenda alemana de política exterior. Y, por cierto, también en la de la Unión Europea.

Con la crisis de Venezuela ha quedado demostrado lo valiosas que son nuestras estrechas y sólidas relaciones. Y con ello no solo me refiero a los 19 millones de euros con los que Alemania ha contribuido, desde que comenzó la crisis, para asistir a los refugiados y migrantes venezolanos especialmente vulnerables, a quienes muchos de sus países han acogido con tanta generosidad. Asimismo, desde un principio también nos hemos coordinado estrechamente en el ámbito político. Y estamos también dispuestos a continuar trabajando en la búsqueda de una solución política que se centre en los deseos de la ciudadanía venezolana.

Pero hay algo que para mí es especialmente importante: nuestras relaciones no deben reducirse únicamente a la gestión diplomática de crisis. No podemos reunirnos para hablar solamente de crisis.

Por ejemplo, a nosotros, los europeos, nos vendría muy bien su consejo y su experiencia en temas tales como el éxodo y la migración.

El planteamiento de México, por ejemplo, de hacer la migración más humana también nos interesa a nosotros. Con Ecuador mantenemos ya una cooperación estrecha en el marco del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo.

Sería para mí un placer que de esta cooperación pudiera nacer un diálogo permanente entre América Latina y Alemania que se centrara en las cuestiones relacionadas con el éxodo y la migración. Pues será un tema que tendremos que seguir afrontando.

Además ejemplifica también de lo que se trata hoy aquí, de aprender unos de otros, de ahondar en nuestras similitudes y de revitalizar con ello nuestras relaciones. Este es el objetivo de la conferencia. Y será también el objetivo de una política exterior alemana que nos convierta en vecinos.

Señoras y señores,

Gabriel García Márquez nos reconvino a los europeos diciendo que la solidaridad no solo se demuestra con bonitas palabras, sino, sobre todo, cooperando de manera concreta por el bien de las personas.

Tiene toda la razón. Así que hablemos sobre cooperación y sobre el modo en que podríamos ampliarla.

Me gustaría comenzar con un tema que determina el futuro de nuestro planeta como ningún otro: la lucha contra el cambio climático.

No es casualidad que Alexander von Humboldt descubriera precisamente en sus viajes por América Latina la influencia del ser humano sobre el clima. Y que con ello se convirtiera, por así decirlo, en el primer ecologista del planeta.

América Latina es el pulmón verde del mundo y, por tanto, un socio irreemplazable en la lucha contra el cambio climático. Al mismo tiempo, el calentamiento terrestre afecta particularmente a esta, su región. Los colegas y las colegas de los Estados del Caribe no son los únicos que saben por propia experiencia de lo que estoy hablando.

Esta es la razón por la que desde el primer mes en el que comenzamos a trabajar junto con la República Dominicana en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, incluimos el tema “clima y seguridad” en su agenda.

Nuestro deseo es continuar impulsando este asunto. Para ello, en el seno de las Naciones Unidas hemos creado un grupo de amigos, del que muchos de ustedes ya forman parte. ¡Todo nuevo miembro será para mí un motivo de satisfacción!

También nos une nuestra Iniciativa Internacional para la Protección del Clima. Juntos estamos implementando en la actualidad proyectos que ascienden a unos 400 millones de euros. Está previsto realizar otros proyectos por un monto de 150 millones de euros.

En Cuba, la República Dominicana, Haiti y Honduras queremos, por ejemplo, promover la reforestación, el control de la erosión y una agricultura que sea respetuosa con el clima. Tiene que tratarse de proyectos concretos. Y en su país, Costa Rica, querido colega Ventura, la introducción de los vehículos eléctricos, inocuos con el clima, cuenta con nuestro apoyo.

Estos son ejemplos concretos. También, ejemplos concretos de solidaridad real. Y también los hay en otros ámbitos. Durante el viaje que realicé el mes pasado a Brasil, Colombia y México hablamos largo y tendido sobre el Estado de derecho y la lucha contra la impunidad.

Alemania está dispuesta, en lo que queda de año, a poner a disposición de esta empresa fondos adicionales y a ayudar allí donde sea necesario.

  • En México, por ejemplo, querido Marcelo [Ebrard, ministro mexicano de Relaciones Exteriores] hemos acordado cooperar más estrechamente en la lucha contra las desapariciones forzadas.
  • Considero que este es también un elemento importante para una iniciativa relacionada con el Estado de derecho en América Central, a la que también contribuimos apoyando la lucha contra la impunidad y la corrupción en Guatemala y Honduras.
  • Y en Colombia continuaremos apoyando el largo camino hacia la paz y la reconciliación mediante los fondos fiduciarios de las Naciones Unidas y el Instituto Colombo-Alemán para la Paz CAPAZ. Pues estamos convencidos de que esta es y seguirá siendo la vía correcta.

También a nivel internacional apostamos por América Latina. Porque para atajar la impunidad en todo el mundo, necesitamos socios fuertes que nos apoyen en ello.

Preferiblemente en una alianza entre Estados correligionarios que respalde a la Corte Penal Internacional y que se comprometa con la persecución consecuente de los crímenes de lesa humanidad.

Muy distinguidas señoras y señores,

hay otro contexto en el que el Estado de derecho también desempeña un papel importante. Cuando hablo con los representantes de empresas alemanas sobre cómo poder impulsar nuestras relaciones económicas con América Latina, siempre se suele hablar también del Estado de derecho, la seguridad y la lucha contra la corrupción.

Pero por muy importantes que estas condiciones subyacentes sean, no explican por qué el comercio con América Latina y el Caribe solo constituye el 2,6 % del volumen de la exportación alemana.

Ni tampoco por qué se ha producido un estancamiento de las exportaciones alemanas a la región, mientras que China y otros países registran aumentos vertiginosos.

Pero, a este respecto, tengo tres buenas noticias:

  • la primera: la tendencia es claramente al alza. Según los pronósticos de la Asociación de las Cámaras de Comercio e Industria Alemanas, las exportaciones a América Latina aumentará este año en un 5 %. También las inversiones se están incrementando. Y el número de empleados en la región en empresas alemanas ascenderá previsiblemente hasta finales de año a 600 000.
  • La segunda buena noticia: hoy contamos aquí con la presencia de los directivos empresariales Joe Kaeser, Andreas Renschler y otros muchos. Les estoy muy agradecido por dedicarnos su tiempo, ya que con su ayuda podremos sacarle el máximo partido al potencial que encierran nuestras relaciones económicas. Sería para mi un placer que pudiéramos continuar profundizando en esta cuestión en un foro dedicado a la política económica en el que se dieran cita representantes de la política y la economía.
  • Y la tercera buena noticia: nosotros, como Gobierno Federal, nos encargaremos de que el viento sea favorable. Apostamos por una agenda comercial positiva. Respaldamos al cien por cien los esfuerzos de la Comisión Europea.

El objetivo es poder agilizar en la medida de lo posible las negociaciones sobre acuerdos comerciales con Mercosur, Chile y México para poder concluirlas mientras dure nuestra presidencia tripartita de la Unión Europea.

No se trata únicamente de comprometerse con el libre comercio, aunque este ya se haya convertido en algo esencial. Juntos podremos establecer estándares internacionales en lo relativo a la producción sostenible, a los altos niveles de protección medioambiental y a las condiciones laborales justas. Y fortalecer una cooperación asociativa que se base en la amistad y la confianza, y no en la dependencia.

Muy distinguidas señoras y señores,

lo enriquecedor que puede llegar a ser un intercambio entre amigos es algo que he percibido durante mi viaje a la región. En Salvador de Bahía y en Ciudad de México he participado en seminarios para la red de mujeres “Unidas”. Red que inauguraremos hoy aquí.

Precisamente las participantes de América Latina realizaron propuestas muy concretas:

  • estrechar la cooperación en la lucha contra los feminicidios y la violencia sexual en las zonas de conflicto. Precisamente este tema queremos impulsarlo junto a Perú también en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
  • o mejorar la conexión entre las artífices de la paz y las defensoras de los derechos humanos.

En la era digital, los canales diplomáticos tradicionales en ocasiones ya no son suficientes para poder interconectarse. Necesitamos también de la sociedad civil.

Por esta razón, junto al Goethe-Institut, queremos facilitarles a las mujeres la posibilidad de interconectarse más estrechamente desde cualquier zona de la región en la que se encuentren.

Y por ello nos hemos propuesto continuar fortaleciendo la tendencia positiva que caracteriza el intercambio entre científicas y alumnas universitarias. Por ejemplo, a través de los programas de fomento del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) con Paraguay y Ecuador.

Unos 10 000 becarios (tendencia que va en aumento) y 35 000 alumnos son los garantes de una buena relación entre vecinos en la metrópoli global.

Son también 45 000 garantes de que lograremos cumplir el requerimiento que hace poco Michelle Bachelet nos hizo: “We need to push back the push-back!”

Y esta frase no solo se refiere a los derechos humanos. Se refiere también al orden mundial basado en normas y abierto en su conjunto.

 

  • Este orden mundial necesita de nuestro compromiso y nuestras ideas.
  • Necesita de sociedades civiles ágiles.
  • Necesita de multilateralitas convencidos.

En resumidas cuentas: nos necesita a nosotros.

Y si en un futuro, en Europa, América Latina y el Caribe tenemos la sensación de que nos estamos quedando solos, entonces deberíamos recordar lo que somos: vecinos. No desde el punto de vista geográfico. Sino desde el punto de vista de todo aquello que representamos y de lo que hacemos juntos.

Por tanto: ¡Bienvenidos a Berlín! ¡Bienvenidos, vecinos!

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