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Ministerio Federal de Relaciones Exteriores - La Lateinamerika-Initiative del gobierno alemán: ¿qué, por qué, cómo, y para qué?

La Conferencia Lationamérica y Caribe en el Ministerio Federal de Exteriores

La Conferencia Lationamérica y Caribe en el Ministerio Federal de Exteriores, © dpa

31.07.2019 - Artículo

Con el pegajoso nombre de LAKini, el ministerio de relaciones exteriores de Alemania lanzó el 28 de mayo pasado la Lateinamerika-Initiative. Muchos se preguntan cuál es el plan concreto detrás de la buena abreviatura. La autora explica por qué, sin embargo, apenas siendo enunciada, la LAKini ya tiene un valor sustancial.


El 28 de mayo pasado en Berlín, frente a una sala repleta de invitados emocionados y curiosos por descubrir qué significa la Lateinamerika-Initiative, Heiko Maas, Ministro de Relaciones Rxteriores de Alemania, pronunció un discurso esmerado y emotivo sobre los encuentros históricos y contemporáneos entre América Latina y el Caribe con Europa, y particularmente, Alemania. En este breve artículo analizo la forma y el contenido de la iniciativa, que muchos observadores esperamos sea el comienzo para una fructífera nueva fase en la relación Alemania-Lationamérica & Caribe.

Apariencia y forma

El lanzamiento de la LAKini contó con la asistencia de altos funcionarios de organizaciones internacionales y 29 ministros de relaciones exteriores de Latinoamérica y del Caribe, además de un impresionante despliegue de sonido y luces, digno de producción televisiva -algo inusual en Alemania, donde la sobriedad es un valor social importante. El evento fue un éxito y, sin embargo, ninguna persona que haya asistido se atreve a enunciar con seguridad cuál es la sustancia detrás del obvio gesto diplomático de acercamiento. En una era mediática de textos cortísimos que deben ir colmados de contenido, la modesta cobertura en medios que la LAKini recibió podría deberse también a que era difícil reportar algo “jugoso” sobre su contenido que cupiera en una línea.

Comenzaré por lo obvio. El lanzamiento de la LAKini es un gesto simbólico con el cual Alemania reconoce que Latinoamérica y el Caribe son sus “aliados naturales” por compartir valores fundamentales, principalmente: la democracia, la apertura comercial y el multilateralismo. Heiko Maas reconoció que esto no sólo ha tomado tiempo, sino desilusiones con otras regiones del mundo en las que los aliados de Alemania comienzan a escasear. Para algunos, este reconocimiento de una comunidad de valores podría parecer un gesto carente de sustancia. Esa sería una lectura pobre. La verdad es que cada símbolo conlleva significado y se despliega por razones concretas. Yo veo significados sustanciales, tanto para Alemania, que es el país cuyo ministerio lanza la iniciativa, como para Latinoamérica y el Caribe, que constituyen la región destinataria.

Significado

La LAKini significa, en primer lugar, un posicionamiento de Alemania en un nuevo entorno internacional, sobre todo relevante en las áreas transatlántica y regional.

En la relación “transatlántica” por antonomasia de Alemania (aquella con Estados Unidos) se ha abierto un abismo que es obvio en los desacuerdos políticos y comerciales recientes, pero que tiene consecuencias muy profundas para Alemania, porque desde la posguerra este país había confiado en el poder hegemónico mundial de Estados Unidos para orientar su política regional estratégica y militar. En la actualidad Alemania se enfrenta a la necesidad –pero también la oportunidad- de desarrollar una política exterior independiente en todos los ámbitos. Esto tendrá ramificaciones importantes en el plano regional. Por supuesto, hace mucho tiempo que Alemania desempeña un papel definitorio en la política y en la economía de la Unión Europea, pero no sin el recelo de otros países del vecindario. Deudas históricas y recientes obligan a las y los estadistas de Alemania a asumir un papel modesto en la retórica, a pesar de que su liderazgo en Europa sea innegable. Europa no es una región, por tanto, en la que Alemania pueda afirmar su liderazgo de manera expansiva. Le queda entonces explorar hacia dónde puede expandirse económicamente con la posibilidad de crear sinergias también en los planos político y diplomático. La LAKini es la respuesta.

Modo y propósito

Para los presentes en el lanzamiento de la LAKini, el evento sugirió que Alemania buscará aprovechar las relaciones existentes en Latinoamérica para impulsar sus intereses en diferentes ámbitos. Para conectar sus intereses comerciales con los políticos y diplomáticos, Alemania enfatiza la comunidad de valores. Este modo de hacer las cosas tiene un enorme valor para Latinoamérica y el Caribe.

En el mundo entero la creciente competencia de China en diferentes áreas del en las que la industria alemana solía ser líder empuja a Alemania a activarse. En Latinoamérica y el Caribe, desde las islas angloparlantes del Caribe hasta Argentina, el capital chino supone una competencia creciente y feroz, que demanda acciones inmediatas. Alemania descuidó por varias décadas su relación con la región por centrarse en el vecindario europeo y los mercados asiático y africano. La LAKini pretende ser el marco para recuperar los espacios perdidos. Ciertamente hay una base sólida para intentarlo. En el plano comercial y de inversión extranjera directa los socios comerciales más importantes de Alemania en la región (Brasil y México) se han mantenido o incluso fortalecido en los últimos años. Al mismo tiempo, la veleidad de la política exterior del presidente Trump que obliga a Alemania a replantearse sus alianzas también obliga a Latinoamérica a hacer lo mismo, sobre todo, a los Estados de esa región que son más dependientes de Estados Unidos. Para México, Centroamérica y varios países del Caribe, concretamente, es urgente diversificar sus relaciones económicas y anclar su política exterior en un mediano y largo plazo en alianzas con socios más allá de Norteamérica.

Sin embargo, y afortunadamente para Latinoamérica y el Caribe, el plano comercial no lo es todo para Alemania. Ciertamente hay empresas alemanas que ponen absoluta prioridad en la rentabilidad de sus inversiones por sobre los derrames socioeconómicos en los países en los que invierten. Sin embargo, las condiciones de la relación entre Alemania y sus socios permiten pensar que por lo menos en algunos aspectos las inversiones alemanas son diferentes a las de otras potencias que actualmente compiten por abrirse espacios. Por ejemplo, en los proyectos de infraestructura pública impulsados por el gobierno chino en la isla caribeña de Dominica en los que la inversión no es inmediatamente rentable, China espera el apoyo diplomático internacional de ese pequeño Estado independiente, miembro de la Mancomunidad de Naciones. Nada es gratis y el pago que se espera de socios débiles por la cooperación económica puede ser un trueque en otro plano. ¿Qué diferencia hay con las inversiones de Alemania, pues?

La democracia. Este es un valor que enfatizó Heiko Maas en su discurso, y es el que puede hacer la diferencia. La sociedad alemana (especialmente su sociedad política) tiene una postura crítica y participativa con respecto a su propia industria. En Alemania la atención que se presta a la política comercial y exterior es, como en casi cualquier otro país, de baja importancia para la población en general, pero hay un cúmulo de asociaciones civiles bien organizadas y movilizadas que sí cuestionan (a veces fuertemente) la inversión de la industria alemana en países cuyos gobiernos violan derechos humanos o reducen el ámbito de libertades de las mujeres o de diferentes minorías. A diferencia de China, estas voces no son silenciadas en Alemania. Aunque a algunos industriales alemanes les incomoden las protestas de estos grupos, harían bien en reconocer que esas críticas tienen un efecto estabilizador y beneficioso, también para las inversiones y sobre todo a largo plazo. A los Latinoamericanos y caribeños nos irrita, con razón, que una potencia europea levante el dedo índice para indicarnos cómo y por dónde ir. Sin embargo, en la mejor de sus versiones, la LAKini podría significar algo diferente precisamente por la vitalidad y el dinamismo de la vida asociativa, la diversidad de los grupos de interés y la porosidad de las instituciones -incluso las que dirigen la política exterior- en Alemania. A este universo de actores sociales le importan un sinnúmero de causas en diferentes regiones del mundo, por nombrar algunas: desde los derechos de los migrantes hasta la venta y el tráfico de armas, pasando por la violencia contra las mujeres, la lucha contra la impunidad y en favor del Estado de derecho, la protección del trabajo de los periodistas y la libertad de investigación y cátedra de los académicos y científicos, el despojo de tierras de las comunidades indígenas, y la prevención o reparación de desastres ecológicos. Además, estos actores son de muy diversa índole, desde asociaciones estudiantiles, redes académicas, asociaciones de oriundos (tipo “bolivianos en Alemania”), colectivos de mujeres latinoamericanas, hasta cámaras de comercio y, por supuesto, las fundaciones políticas. A pesar de su variedad, se reúnen en foros en los que comparten el enfoque en la región o en un país particular. Por su pluralidad, por la multiescalaridad de sus conexiones (desde el nivel local hasta el translocal, transnacional e internacional), por la naturaleza de su trabajo (a menudo voluntario), estas organizaciones realizan desde hace años una labor invaluable para ambos lados de la relación. En Alemania, proveen al público de múltiples perspectivas y de diferentes puntos de observación longitudinal para entender, con la ventaja de la distancia, procesos complejos que luego permiten al gobierno alemán tener un seguimiento consistente del funcionamiento de las instituciones de diferentes países del mundo. Repetiré aquí que en este plano social las relaciones entre Alemania y Latinoamérica y el Caribe son viejas y fuertes porque es cierto -no es puro cortejo retórico- que desde hace siglos Alemania tuvo la posibilidad, por vía de la cultura, de acercarse al continente americano y, desde entonces, compartir más y más en el plano de los valores -los viajes del tan celebrado Alexander von Humboldt son previos a la creación de los Estados que hoy llamamos Alemania y de los que conforman Latinoamérica y, por supuesto, el Caribe.

La multiplicidad de iniciativas desde Alemania contenidas en la LAKini dibuja un patrón que resulta enormemente útil para dirigir los intereses del Estado democrático alemán y conectarlos con la realidad actual de Latinoamérica y del Caribe en diferentes dimensiones. Lo esencial para que ello funcione es activar las alianzas en el plano social que unen a las dos regiones. Esas alianzas facilitarán desarrollar proyectos a largo plazo y permitirán a ambas partes asir sus intereses en instituciones, que son lo único que tiene esperanzas de permanecer ante el vaivén pendular, y a veces vertiginoso, entre gobiernos de izquierda y derecha en Latinoamérica y el Caribe. La sociedad civil en Latinoamérica y el Caribe -tanto las agrupaciones al interior de cada país, como las que se vinculan transnacionalmente en las subregiones de Latinoamérica y en el Caribe- es tan diversa como la alemana. Sin embargo, es mucho más vulnerable precisamente por los bandazos políticos, las crisis económicas y la inseguridad que se hacen presentes en varios países de esa región, de tal forma que las conexiones con contrapartes en Alemania son valiosísimas para compartir experiencias e incluso para sobrevivir. 

Oportunidades

La genialidad de la LAKini en su enfoque todavía aspiracional es, simplemente, que provee un marco que reconoce, legitima y potencialmente integra todas las conexiones entre política, comercio, diplomacia y sociedad civil en un marco democrático. Al enfatizar los lazos de los valores, pero con un enfoque horizontal y no vertical, Alemania se abstiene de imponer superioridad moral (como sí lo hace la Unión Europea, ejerciendo su poder al condicionar acuerdos comerciales a acuerdos políticos). Un proyecto particular y emblemático de la LAKini que ejemplifica tal horizontalidad es la red de mujeres “Unidas”, que buscará vincular iniciativas para promover la lucha por los derechos de las mujeres. Este es un plano en el que las mujeres en muchos países latinoamericanas han conquistado triunfos que en Alemania aún son impensables, con porcentajes cercanos a la paridad como ejecutivas de empresas, parlamentarias y ministras. Ya en el lanzamiento de “Unidas” la Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, expresó su deseo de que pronto se postulen los mecanismos para que la red funcione efectivamente, más allá de alguna conferencia anual. La mencionada cooperación que busca Alemania con América Latina y el Caribe en materia de migración y éxodo es otro plano en el que, para funcionar, los aprendizajes tendrán que ser horizontales y bidireccionales. En las últimas tres décadas no ha habido un momento más oportuno para que Alemania sirva de aliado de Latinoamérica en estos dos ámbitos.

La Conferencia Lationamérica y Caribe en el Ministerio Federal de Exteriores
La Conferencia Lationamérica y Caribe en el Ministerio Federal de Exteriores© dpa

En general, el énfasis en valores compartidos que pudiera parecer superficial para muchos cobra un significado profundo para las dos partes -Alemania, por un lado, y Latinoamérica y el Caribe, por el otro- cuando pensamos en el momento que vive la comunidad internacional actualmente. Hoy la estrategia aislacionista del país relativamente más poderoso del mundo (y de poder aplastante en Latinoamérica y el Caribe) coincide con las estrategias decididamente expansionistas de otras grandes potencias. Peligrosamente, se reavivan las guerras por proxy que acompañaron la Guerra Fría y que muchos habíamos esperado que se acabaran con el “fin de la historia”. No obstante, para enteder las oportunidades de una iniciativa como la LAKini vale la pena abrir la perspectiva más allá de la geopolítica del realismo, con su énfasis en el poder y los intereses de Estados concebidos como entes unitarios. Para quien esté dispuesto a observar la complicidad de grupos en ambas regiones se abre la posibilidad de fortalecer sus alianzas y de anclarlas en instituciones y prácticas democráticas. La mejor versión de la LAKini deberá permitir que iniciativas de diversa índole (comerciales, civiles, sociales y diplomáticas) en las dos regiones se desarrollen para dar sustancia a la nueva relación. Quienes desde hace tiempo deseamos la vinculación, el diálogo y el aprendizaje mutuo, estamos listas para aprovechar el momento y celebramos que el gobierno alemán por fin haya enunciado con bombo y platillo su intención de involucrarse más con Latinoamérica y el Caribe.  

La Dra. Luicy Pedroza es investigadora en el GIGA (German Instiute of Global and Area Studies), Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS). En Twitter pueden encontrarla como @Luicy_Pedroza

 

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