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"No hay recetas mágicas que solo haya que copiar para construir una sociedad pacífica. No obstante, el proceso de paz en Colombia también requiere el apoyo de amigos internacionales."

10.09.2019 - Artículo

Entrevista del Centro Alemán de Información (CAI) con Prof. Dr. Peters, Director de CAPAZ

Según su percepción, ¿Cómo puede contribuir Alemania al proceso de la paz en Colombia? 

Ante todo, es necesario aclarar que el proceso de paz es de los colombianos y las colombianas. Este proceso solo puede resultar exitoso si es apropiado por la gran mayoría de la sociedad colombiana. Además, hay que tener en cuenta las particularidades del contexto. No hay recetas mágicas que solo haya que copiar para construir una sociedad pacífica. No obstante, el proceso de paz en Colombia también requiere el apoyo de amigos internacionales. Hay muchos temas de alta relevancia para el futuro y gran potencial para la colaboración y el aprendizaje mutuo entre los socios colombianos y alemanes: Por ejemplo, la integración de migrantes en sociedades multiculturales, el desarrollo sostenible y la protección de la biodiversidad.

Adicionalmente, quisiera resaltar tres puntos de gran relevancia para la paz: En primer lugar, la experiencia alemana muestra, por un lado, que afrontar el pasado es un largo proceso que encuentra muchas resistencias y que, además, nunca se debe dar por cumplido. Pero, por otro lado, también pone en evidencia que afrontar el pasado mediante el trabajo de memoria fortalece a la sociedad. En segundo lugar, el ejemplo de Alemania y, en términos generales de Europa, señala la importancia de un fuerte Estado de bienestar para fortalecer la cohesión social como precondición para la paz y el desarrollo económico, social y democrático. Justamente, evidenciamos que el cuestionamiento de algunos de los valores democráticos está vinculado a una lenta erosión de esta base social de los países europeos. Y, en tercer lugar, Alemania puede contribuir mucho a la construcción de paz en Colombia a través de políticas concretas a nivel doméstico: por ejemplo, poner fin a la exportación de armas pequeñas y medianas, con las cuales se ejerce gran parte de la violencia en Colombia y en otras partes del mundo.

¿Qué tanto perciben los colombianos a Alemania como un socio confiable y con experiencia para el proceso de la paz? ¿Cuál es la expectativa?

En términos generales, los colombianos y las colombianas ven a Alemania con mucho aprecio. Por supuesto existe la expectativa de que Alemania apoye el proceso de paz desde la diplomacia, desde la academia y con recursos. Pero también percibo otra expectativa: muchos colombianos y colombianas ven a Alemania como un buen amigo y esperan que Alemania haga lo que todos nosotros esperamos de nuestros buenos amigos: que pongan de vez en cuando el dedo en la llaga y nos señalen de una manera amable, pero al mismo tiempo franca, las cosas que ven que podemos mejorar. Por ejemplo, insistir que las instituciones de justicia transicional (la Jurisdicción Especial para la Paz, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No-Repetición o la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas) tengan el apoyo político y los recursos necesarios para poder ejecutar su trabajo; o hacer hincapié en la necesidad de una mejor protección para las personas defensoras de derechos humanos y líderes y lideresas sociales que enfrentan amenazas y asesinatos.

¿Cómo se manifiesta esta cooperación en la sociedad civil colombiana? ¿Hay algún ejemplo que nos quiera compartir?

La paz es demasiado importante para dejarla solamente a los políticos. La sociedad civil es clave para poder llevar a cabo la tarea. Es por esto que desde el CAPAZ nos parece sumamente importante cooperar con diferentes actores de la sociedad civil. Hay muchos ejemplos lindos, pero quisiera señalar uno en concreto: un proyecto de memoria que estamos haciendo en conjunto con colegas de diferentes universidades en Colombia y Alemania, pero sobre todo con la comunidad de Quinchía en el Eje Cafetero. Esta localidad, históricamente olvidada por buena parte del país, ha sufrido una larga historia de violencia. Sin embargo, poca gente conoce esta historia, y por ende ha sido invisibilizada. En un trabajo cooperativo para recuperar la memoria y elaborar el pasado con herramientas culturales, estamos apoyando un proceso de memoria sumamente importante, el cual además es clave para poder pensar en un futuro pacífico.

Desde su punto de vista como experto en el tema, ¿cuál fue el momento en el que Alemania decidió contribuir al proceso de la paz en Colombia y por qué?

 

El hecho de que Alemania sea visto con mucho aprecio en Colombia, se basa en que Alemania ha contribuido a la paz en Colombia desde hace mucho tiempo. La GIZ de Alemania ha llevado a cabo un trabajo muy importante de apoyo a la paz, por ejemplo, a través del fortalecimiento de iniciativas pedagógicas. Con respecto al Instituto CAPAZ, sin duda la coyuntura de las negociaciones en La Habana entre el gobierno colombiano y las FARC-EP fue clave. En ese contexto, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, decidió poner a disposición los recursos para financiar el Instituto CAPAZ. Con esta decisión abrió el camino para crear un proyecto académico con una perspectiva de por lo menos diez años para hacer un acompañamiento crítico y solidario al proceso de paz en Colombia.

¿Cuáles son los mayores retos que han enfrentado en el camino hasta ahora? 

Uno de los retos tiene que ver con el trabajo en los territorios más afectados por el conflicto. En varios lugares del país la situación de seguridad es muy compleja. Hay demasiados ejemplos en los cuales personas muy valientes, que todos los días trabajan contra viento y marea desde la base de sus comunidades en la construcción de la paz, sufren amenazas y violencias. Esta situación hace dudar de la posibilidad de alcanzar la paz. Pero al mismo tiempo hay otro reto que da mucha motivación para seguir trabajando: mucha gente se acerca al CAPAZ con ideas, proyectos y sueños para poder contribuir a la construcción de una paz estable y duradera en Colombia. Hay un entusiasmo y un compromiso increíble.

¿Qué habrá logrado el CAPAZ en diez años?

Esto es difícil de predecir y depende de muchos factores que intervienen en el proceso de paz. Independientemente de esto, el CAPAZ seguramente va a haber logrado diferentes objetivos de gran importancia: por ejemplo, investigaciones de alta calidad que ofrecen opciones políticas concretas para fortalecer la paz. Además, el instituto habrá contribuido al fortalecimiento del trabajo científico y del intercambio académico en las regiones más afectadas por el conflicto. Asimismo, el CAPAZ habrá organizado y apoyado un sinnúmero de encuentros grandes y pequeños, los cuales siempre están bajo el mismo lema: Trabajar académicamente con socios que vienen de la ciencia, pero también de ONGs y grupos locales de una sociedad tan diversa como la colombiana. Crear espacios de discusión y reflexión entre grupos sociales que en la cotidianidad raras veces entran en intercambio –ya sea por la distancia geográfica, social o política– es muy importante, pues dichos espacios permiten entender perspectivas que quizá no son las nuestras y generan empatía por el otro. Por último, pero no menos importante, el Instituto habrá logrado una oferta académica que llegue a los espacios sociales y geográficos desfavorecidos, fortaleciendo de este modo el proceso de construcción de paz desde los territorios. En conclusión, en diez años el CAPAZ ya será una referencia y un modelo para otros procesos de paz: en el Congo, en Myanmar y ojalá también en Siria.

 

¿Qué le ha dejado esta experiencia?

Un sinnúmero de experiencias y aprendizajes que surgen del trabajo conjunto con los colegas de Colombia. Muchos momentos de tristeza y de rabia, pero también de alegría y de asombro. Asombro y respeto con respecto a la voluntad de muchas de las víctimas de este horrible conflicto, para trabajar a favor de la paz y su disposición para reconciliarse e incluso, en muchos casos, para perdonar. Pero también con respecto al trabajo de las personas defensoras de derechos humanos y líderes sociales, que a pesar de las amenazas y el peligro siguen construyendo la paz desde abajo.

Desde su punto de vista, ¿cuál debería ser la aportación de Alemania al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?

Todos conocemos la posición ambigua del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: por un lado, es un lugar privilegiado para promover la paz y, por otro lado, muchas veces sus miembros no logran que los conflictos se resuelvan de una manera pacífica. En este momento, Alemania, como miembro del Consejo de Seguridad, tiene la gran oportunidad de trabajar para amortiguar los crecientes conflictos geopolíticos. Alemania puede desempeñar un rol importante a través de una política coherente que busque soluciones diplomáticas y que respete el Derecho Internacional: tanto en los casos en los que esto convenga a los intereses del país, como en los casos en que no sea así. Veo con preocupación que en la política internacional hay actualmente un creciente cuestionamiento de principios diplomáticos básicos. Con su posición privilegiada en el Consejo de Seguridad, Alemania puede hacer ver al mundo que hay alternativas, y que lo que se requiere para un mundo más pacífico es fortalecer estos pilares de una política internacional pacífica.

Muchas gracias por su tiempo.

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